Subvirtiendo la etnografía: propuestas metodológicas para la investigación crítica

Publication Type  Book Chapter
Year of Publication  2005
Authors  León, A.; Guarderas, M.; Gutiérrez, P.
Editor  Romay Martínez, J. y García Mira, R. (eds.)
Book Title  Psicología social y problemas sociales: epistemología, procesos grupales y procesos psicosociales básicos
City  Madrid
Publisher  Biblioteca Nueva
Pages  93-100
ISBN Number  84-9742-450-6
Key Words  investigación crítica; metodologías de investigacción; articulación; etnografía.
Abstract  Esta comunicación tiene por objetivo mostrar cómo hemos aplicado los principios metodológicos de la investigación crítica. Pretendemos mostrar cómo, en el grupo Fractalidades en Investigación Crítica (FIC), nos hemos reapropiado de métodos de la investigación cualitativa para realizar nuestras investigaciones. Más que utilizar métodos “puros”, los fagocitamos de otras disciplinas (antropología o literatura) para subvertirlos y pervertirlos. No creemos que exista un método mejor o peor, pues esto implicaría que los métodos son neutrales y nos permiten acceder a una Realidad. Los métodos son mediadores y constructores de conocimiento y deben aportarnos en la producción responsable de nuevas comprensiones. En este texto abordaremos tres investigaciones realizadas en el grupo de investigación FIC. Una versa sobre una trayectoria por el tema de las mujeres migrantes, otra sobre los discursos y prácticas de gobernabilidad hacia las adolescentes en la educación del tiempo libre, y la última sobre iniciativas igualitarias que sobreviven en sociedades desiguales. En cada ejemplo pretendemos mostrar cómo se aplican los principios metodológicos: el antirrepresentacionismo, la objetividad situada, la imposibilidad de separar lo semiótico / material y la noción de articulación que con base en la conexión parcial nos permite modificar nuestros posicionamientos y nuestro punto de partida en las investigaciones.
Full Text  Subvirtiendo la etnografía: propuestas metodológicas para la investigación crítica Alejandra León (Pontificia Universidad Católica - Sao Paulo) M. Paz Guarderas (Universidad Autónoma de Barcelona) Pamela Gutiérrez (Universidad Autónoma de Barcelona) Resumen Esta comunicación tiene por objetivo mostrar cómo hemos aplicado los principios metodológicos de la investigación crítica. Pretendemos mostrar cómo, en el grupo Fractalidades en Investigación Crítica (FIC), nos hemos reapropiado de métodos de la investigación cualitativa para realizar nuestras investigaciones. Más que utilizar métodos “puros”, los fagocitamos de otras disciplinas (antropología o literatura) para subvertirlos y pervertirlos. No creemos que exista un método mejor o peor, pues esto implicaría que los métodos son neutrales y nos permiten acceder a una Realidad. Los métodos son mediadores y constructores de conocimiento y deben aportarnos en la producción responsable de nuevas comprensiones. En este texto abordaremos tres investigaciones realizadas en el grupo de investigación FIC. Una versa sobre una trayectoria por el tema de las mujeres migrantes, otra sobre los discursos y prácticas de gobernabilidad hacia las adolescentes en la educación del tiempo libre, y la última sobre iniciativas igualitarias que sobreviven en sociedades desiguales. En cada ejemplo pretendemos mostrar cómo se aplican los principios metodológicos: el antirrepresentacionismo, la objetividad situada, la imposibilidad de separar lo semiótico / material y la noción de articulación que con base en la conexión parcial nos permite modificar nuestros posicionamientos y nuestro punto de partida en las investigaciones. Palabras claves: investigación crítica, metodologías de investigacción, articulación, etnografía. 1. Trayectorias de investigación sobre mujeres migrantes La investigación de "mujeres migrantes" surgió por las incomodidades que sentíamos frente a los abordajes del tema con lecturas reduccionistas y maniqueas. Desde esta investigación pretendíamos contribuir a la construcción de lecturas más complejas y contrahegemónicas al respecto. Iniciamos nuestra relación con el tema y desde esta articulación fuimos cambiando nuestras posiciones como investigadoras. Nuestra investigación se centró en evidenciar esta transformación. Para “dar cuenta” de esto era necesario reconocer los roles que encarnamos al investigar. Nuestro trabajo, entonces, se centró en cuatro roles/metáforas: interventora, minera, habitante y "escrachera". La interventora Este momento se basó en los presupuestos epistemológicos y metodológicos de la investigación-acción-participativa (IAP). Pretendíamos crear un espacio de acción-reflexión-acción para que las "mujeres migrantes" fuesen conscientes de las determinaciones sociales que vivían. Considerábamos que para salir de la opresión era necesaria la concientización y organización para buscar soluciones a sus situaciones y problemas. Nuestro rol era el de “hablar por” las mujeres migrantes, creíamos necesario enunciar y denunciar la exclusión, la opresión que viven en tanto migrantes y mujeres. Partíamos de que nuestro nivel de conciencia sobre las alienaciones era diferente del de quienes están oprimidas y por tanto debíamos develar la situación de opresión. No era ni considerarse la que posee un “saber revolucionario”, ni la que duda en cada acción por temer imponer su punto de vista. El rol implicaba la convivencia, con la diferencia de que el nivel de percepción de la realidad (Freire, 1978:62). Sin embargo, al relacionarnos con mujeres migrantes en una plaza identificamos que estaban organizadas: hacían parte de redes migratorias y tenían actividades de auto-ocupación. Así pusimos en duda nuestro rol y objetivo como investigadoras-interventoras. Pensar que es necesario que catalizáramos procesos de autoconciencia y organización era deslegitimar la organización existente y asumir una posición de asimetría. La minera Asumimos un nuevo rol. Ya no estábamos en un lugar privilegiado para catalizar procesos de organización, pero nos parecía importante evidenciar cómo estas mujeres migrantes estaban organizadas, es decir los “modos de hacer” (De Certeau, 1990:44). Nos interesaba acompañar su cotidianidad y mostrar su agencia para volver más complejas las lecturas que se hacen sobre ellas. Utilizamos la etnografía para aproximarnos a las prácticas e ideas cotidianas de la gente que investigamos. Nuestro rol era de “minera” (Sherman Heyl, 2001: 370), por el interés de entrar al campo para “desenterrar” lo que sucedía. Queríamos “dejar hablar” a las mujeres migrantes y visibilizar cómo estaban organizadas; para mostrar que tienen agencia y que no son objetos de crisis económicas, sino sujetos de decisiones que en ciertas relaciones y situaciones burlan al sistema. Se espera que sean “mujeres de casa”, que realicen trabajos mal pagados, pero ocupan el espacio público, son "andariegas" y auto-productivas. Sin embargo nos sentíamos incómodas de poner en evidencia lo que sucedía. Identificamos que ellas transitan por lo que puede y no hacerse y visibilizarlo era una forma de "vulnerabilizarlas"; de entrar en la lógica disciplinar y de control que las ciencias sociales tienen para que nuestros cuerpos sean más fácilmente apropiados y gobernados. También la idea de que somos nostras las llamadas a visibilizar nos coloca en un lugar omnipotente, como “intelectuales transparentes” (Spivak, 1988), las que autorizan y “dejan hablar” a las otras. La habitante También habitamos la categoría: somos mujeres y migrantes. Esto nos hace no solamente mirar hacia las “otras” sino hacia “nosotras”. La auto-etnografía nos brindó elementos para comprender mejor el tema de investigación. Las emociones fueron un punto de singular importancia en nuestro trabajo de campo y empezamos a darles mayor espacio en nuestros textos (Sherryl Kleinman, 2002:381). Rompimos la dicotomía objetividad-subjetividad. Pero en esta posición surgieron dos cuestionamientos. Uno relacionado con la utilización que hicimos de la auto-etnografía. Nos incomodaba mantenernos en un monólogo donde la palabra adquiere una forma de expresión autoritaria y única (Danow, 1991:29), y sentíamos que nos estábamos confesando (Skeggs, 2002:351). El otro cuestionamiento se refiere a la trampa de la representación. Al “hablar por nosotras” como mujeres migrantes tenemos que incluir otras categorías: estudiantes (clase social) y blancas (aunque nos sentimos mestizas). Constatamos que al hablar como mujeres migrantes podemos caer en la homogenización y en la trampa de la representación (Spivak, 1988). La "escrachera" En este momento pretendemos hacer de nuestra investigación una lucha, pues pretendemos denunciar cuáles son los efectos de la homogenización de quienes migramos. Y ya que somos “interpeladas” (Althusser, 2003) como mujeres, migrantes, pero también como estudiantes, blancas, aprovechamos esta posición para "hablar a" el “Síndrome de Ulises” (Achotegui, 2002). Escogemos este ejemplo porque al ser psicólogas estamos autorizadas para dialogar con su discurso y sus prácticas; nos interesa "escracharlo" . Si bien el “Síndrome de Ulises” surge para evidenciar las situaciones de trauma y depresión de quienes migramos, sus efectos son: psicologizar lo político, abrir la brecha entre autóctono-migrante, promover la “invención del otro”, construir subjetividades normativas, cuerpos dóciles y gobernables (Foucault, 1996). Hemos transitado de la investigación acción participante, a la etnografía y a la auto-etnografía. No queremos negarlas pero sí reapropiarnos (con sus tensiones y contradicciones) de estos métodos. Proponemos la idea de etnografía dialógica (Guarderas y Gutiérrez, 2004) como método que considera: los elementos semiótico-materiales, el diálogo con textos/contextos, los cambios de posiciones de quien investiga, la ruptura de la dicotomía campo/no campo (Peter Spink, 2004:70), el reconocimiento de nuestro lugar privilegiado como investigadoras y la responsabilidad política. 2. Discursos y prácticas de gobernabilidad hacia las adolescentes en la educación del tiempo libre en Barcelona: Otra de las líneas de investigación desarrollada en el FIC tiene que ver con las formas de gobernabilidad (Foucault, 1991), entendida como un conjunto de prácticas por las cuales se pueden constituir, definir, organizar, instrumentalizar las estrategias que utilizan las personas libremente para establecer relaciones unas con otras (Medrado, 2002). Respecto a esto nos preguntábamos cómo se establecen los discursos y las prácticas hacia las adolescentes, en la educación del tiempo libre. Cómo un espacio caracterizado por la promoción de autogestión y participación de las adolescentes co-habita con la intención de formar un cierto proyecto de “cuidadano” (Rose, 1989a). Comenzamos este proyecto con la intención de establecer una lectura diferente de este espacio, y con especial atención a cómo la institución genera formas de dominación, pero en el curso de la investigación y en la inevitable relación que establecemos – y que cómo investigadoras formamos parte-, se nos hizo necesario recurrir a la noción de matriz (Hacking, 2001) para lograr un comprensión más compleja de las relaciones que formamos parte con la institución, las interacciones y resistencias de los diferentes integrantes, las adolescentes, las monitoras, la investigadora, los espacios, los tiempos, políticas, orientaciones, etc. Para ello, nos apropiamos de un particular forma de entender la etnografía, la etnografía dialógica (Guarderas y Gutiérrez, 2004) que unida a la noción de performatividad (Butler, 1993), nos permitiera poner atención tanto a los discursos como a las prácticas presentes en la cotidianidad. Y cómo estas reflejan e intentan formar por medio de la repetición, las formas de gobernabilidad (Gutiérrez, 2004). Considerando también, la noción de dialogismo de Bakhtin, intentamos mantener la presencia de las múltiples voces en el proceso de investigación (observación participante, entrevistas, diario de campo, texto final, etc.) aunque nos vimos limitadas en la consecución de este deseo, tanto por el formato textual, la autoría individual y las habituales formas de escribir en las que se inscribe una investigación. A continuación describiremos los posicionamientos que “habitamos” como investigadora: Investigadora como agente externa: En un primer momento la comprensión de mi relación respecto de las adolescentes y de la institución fué “desde afuera”. Mi intención era observar cómo la institución ejercía diversas formas de gobernabilidad hacia las adolescentes. Y desde este posicionamiento observar y describir estas situaciones. Poco a poco y en la inevitable relación que se establece, no sólo entre las personas sino con prácticas, disposiciones, objetos, etc., surgió una tensión en este primer posicionamiento. Como investigadora-observadora participante, no sólo formaba parte de este rol, colaboraba en los centros educativos, como monitora voluntaria y formaba parte de la matriz. No podía pretender estar fuera, con una mirada “objetiva” de los hechos, mi participación me involucraba y llevavá a performar/actuar diferentes roles en el curso de la investigación. Todos somos institución El formar parte te involucra y responsabiliza. No bastaba que sólo las encargadas de los centros supieran mi intención de investigar: era necesario comentarlo poco a poco con las demás integrantes. Como dicen Velasco y Díaz de Rada (1997), la opción del trabajo de campo no está exenta de constantes dilemas éticos. Esta comprensión y el involucramiento se establecía en las relaciones, tanto con las adolescentes como con el equipo de monitores, y exigían, por una parte, una responsabilidad respecto de la información que obteníamos y, por otra, establecer una relación de “colaboración mutua”, que permitiera realizar la investigación y colaborar con las necesidades de los centros siendo monitora. No sólo bastaba ejercer el rol de monitora. En uno de los centros fue necesario cambiar la manera en que consideraba adecuada establecer las relaciones con las adolescentes. Hasta ese momento consideraba que una relación cercana y de “uno a uno” era adecuada; sin embargo, en este centro era imprescindible contar con el apoyo de la líder del grupo para poder “estar”. Por lo tanto, esta integración exigió un tiempo de negociación respecto a las formas que consideraba apropiadas y aprender otras formas de relación. Posicionamientos ofrecidos por otras. Los posicionamientos no sólo están dados por un proceso de reflexividad personal acerca de la investigación, pueden ser oportunidades y posibilidades ofrecidas por “otras”, las cuales no siempre atendemos y que, sin embargo, nos abren a posibilidades de comprensión. En uno de los centros, las adolescentes habitualmente realizaban juegos de rol. Por ejemplo, jugaban a madres y padres; de un momento a otro comenzaban y, como monitora, sólo podía ser “espectadora” de estas escenas. En una oportunidad y casi sin darme cuenta, se me asignó un rol de juegos, y así pase a estar “dentro”. Debía por lo tanto responder a este rol, para seguir en el juego, por ejemplo pasaba a ser “hija” en vez de monitora. Esta oportunidad me permitió comprender muchos aspectos que hasta ese momento eran enigmáticos. Y a su vez me generó una mayor responsabilidad respecto del “uso” de estas comprensiones. En los cambios de posicionamiento, las emociones juegan un papel central, son claves para el proceso de transformación de una misma. Las emociones son entendidas como un sentido que experimentamos cuando sensaciones corporales se juntan con lo que vemos o imaginamos (Kleiman, 2002). Los posicionamientos –como formas de conocer-, las emociones –como recursos- y el dialogismo –múltiples voces- son una oportunidad de lograr comprensiones que respondan a las realidades situadas y contingentes de/con las personas que trabajamos. 3. Iniciativas igualitarias en sociedades desiguales: la construcción conjunta de formas alternativas de vida. Este tercer ejemplo de las formas de investigación del FIC –en conjunto con el Núcleo “Organizações e Ação Social”, de la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo- Brasil- es un relato respecto a cuatro colectivos de preocupación igualitaria, dos en Barcelona y dos en Carora (Venezuela), que actúan desde hace por lo menos 5 años y sobreviven a intentos de destrucción o cooptación por parte de las élites inmobiliarias, gubernamentales o de los medios de comunicación. Tales iniciativas corresponden a lo que Ortellado (2004) considera experiencias desde y contra el capitalismo: medios de comunicación independientes, centros sociales-okupaciones y cooperativas autogestiona-rias. Las iniciativas acompañadas fueron: en Barcelona, un centro social okupado artístico y una cooperativa de cooperativas que funciona como banco ético; en Carora (Venezuela), ciudad de 90.000 habitantes, una radio comunitaria y una cooperativa de múltiples servicios (soluciones financieras, servicio médico, funeraria, radio comunitaria, farmacia cooperativa, mercadito, cafetín y compra cooperativa de electrodomésticos) que cuenta con 4000 personas asociadas y pertenece a una red cooperativa de 12.000 personas. El trabajo consistió en acompañar cada colectivo como “tesista” por un período de entre 1 ½ y 3 ½ meses, y por un período mucho mayor ya no registrado en el “diario de campo”, actuando con ellos en lo que primero se denominó “etnografía comprometida” y posteriormente “trueque constructivo”. El período en que la forma de hacer, o método, se denominó “etnografía comprometida”, tuvo una razón de ser. En las ciencias sociales en el Estado Español y particularmente en Barcelona es relativamente común el nombre “etnografía” para referirse a investigaciones en un lugar específico, del cual se “estudian” sus formas de vida a partir de la convivencia. Por eso fue adoptado ese nombre. Sólo que los principios epistemológicos de la etnografía parten de una separación entre “tú, sujeto de estudio” y “yo, investigadora que va a campo” que no correspondía con lo que ocurría en la cotidianidad vivida. Eso porque, primeramente, entré al centro social okupado como bailarina y no como investigadora, y sólo después de dos meses y medio en ese lugar decidí proponerles hacer la tesis allí, con lo cual no sentí que fuese vista como “agente externa”. En segundo lugar, el día a día del centro era intenso, activo y atravesado por la amenaza de desalojo que se concretaría 3 ½ meses después de que empecé a registrar las acciones por escrito en el “diario de campo”; esa cotidianidad necesitaba, por lo tanto, personas comprometidas con la supervivencia del centro y con su vida digna y plena hasta que el desalojo ocurriera. Así, el nombre “etnografía comprometida” intentó reconocer la influencia de la etnografía en el trabajo y, al mismo tiempo, marcar una diferencia política y ética, la del compromiso con las acciones por parte de las personas que allí estábamos. Sin embargo, la experiencia de vida en el centro social me enseñó explícitamente el trabajo por intercambio, en una lógica de reciprocidad diferente de la lógica capitalista de sólo dar algo a cambio de otra cosa. En este caso, era muy claro lo absurdo que es llegar a la casa de alguien, escudriñar su vida, irse sin ayudar en nada y encima ganar prestigio mostrando las entrañas del otro! Por eso, y por las diferencias anteriormente señaladas, la forma de trabajo comenzó a llamarse “trueque constructivo”, para referirse, así, a la reciprocidad en las acciones y a la diferencia con el intercambio liberal. El trueque constructivo fue mi manera de vivir durante todo el período de realización de la tesis, conviviendo con los diferentes colectivos –con unos más intensamente, con otros menos, dependiendo de las posibilidades de acción disponibles en cada uno para poder ayudarlos sin estorbarles- y viviendo en diferentes lugares para poder escribir la tesis (período del que normalmente no se habla, probablemente debido a la supremacía aún vigente de la investigación tradicional que separa lo público de lo privado, el proceso del resultado, lo individual de lo colectivo). Las acciones realizadas fueron diversas, dependiendo de la particularidad de cada colectivo: funciones artísticas, organizativas, de mantenimiento y cuidado, de radio, en la cooperativa. Ahora bien, algo que marcó el trabajo en prácticamente todos los colectivos era la multifuncionalidad de quienes estábamos allí (CECOSESOLA, 2001), o sea, la posibilidad de usar subversivamente diferentes habilidades que tuviésemos o quisiéramos aprender para, así, apoyar el trabajo del colectivo en cuestión, en lugar de trabajar con hiperespecialización de funciones tan apreciada en la actualidad. En este proceso de “investigación”, la relación era el punto de partida y no de llegada. En vez de partir de la clásica separación epistemológica entre “sujeto investigado” e “investigador que va a campo”, se partía de un “nosotras” –posiciones ejercidas en el día a día con el deseo de actuar en la construcción de mundos diferentes, o por lo menos más dignos que el actual. Ese proceso, con sus dudas, contradicciones y dilemas, y principalmente con el fortalecimiento de relaciones humanas profundas y acciones potentes para construir colectivamente un mundo no convencional, constituye una micro forma de construir propuestas académicas hacia una ciencia asamblearia y una crítica a la reproducción de valores burgueses –distancia, objetividad, neutralidad, dominación del objeto de estudio- que se ejercen al performar el rol académico de manera tradicional, jerárquica, acumuladora (de conocimientos, status y posiciones), que particulariza o escinde aquello que no puede existir sino en relación: después de todo, podemos preguntarnos de qué vivirían las “investigadoras” si no hubiese nada que “investigar”. Al construir la separación académica entre investigadores e investigados, o entre agentes internos y externos (distinción usada por formas participativas de intervención como la Psicología Comunitaria), fue creándose una distancia que reproducimos en el día a día y de la cual es muy difícil librarse. Difícil, pero no imposible. Y probablemente sea útil el tener como punto de partida, y no de llegada, la noción de “nosotros/as”, la dignidad en las formas de vida, la idea de que se aprende a participar participando -y se construye un mundo nuevo haciendo y autocriticándose desde el respeto. Bibliografía: Achotegui, J. (2002). La depresión en los inmigrantes: una perspectiva transcultural, Barcelona: Mayo S.A. Butler, J. (1997).Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción, traducción de Jacqueline Cruz. Madrid: Cátedra. Capítulo 4: 119-145.(2001) Butler, J. (1993). Introducción. En J. Butler (1993), Cuerpos que importan (pp.17-49) Barcelona: Paidós. 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