4. Justificación epistemológica de la metodología

Las producciones narrativas se basan en la perspectiva epistemológica de los conocimientos situados de Donna Haraway (1995, 1999, 2004). Esta perspectiva, surgida como respuesta al debate realismo-relativismo en torno al conocimiento, asume la parcialidad del mismo (Balasch y Montenegro, 2003a: 20). Esto es la posibilidad de ubicar el conocimiento en el lugar desde el cual se produce, contraponiéndose a las posturas positivistas que apuestan por una mirada universal denominada ciencia que se produce desde ningún lugar y también a las posturas discursivas que apuestan por una mirada relativa al sujeto de conocimiento, que puede ser producida desde cualquier lugar.

Esta perspectiva resuelve el problema de la objetividad, de la visión del observador como algo externo, la visión desde ningún lugar que carece de un sujeto conocedor del mundo, ajeno a lo que está observando dotándole así de una visión privilegiada de la cuál depende la verdad. Por esto cree necesaria rellenar la laguna interna que omite la perspectiva objetiva, lo subjetivo, argumentando que la verdad depende de las habilidades y de la credibilidad de la observadora, dotando a la observadora de un rol activo inmerso en un contexto del cuál forma parte y que a través del significado que le otorgue y la visión que reproduzca del mundo darán fruto a su creación de la verdad. Esta verdad no consiste en la corroboración de los hechos sino, en la interpretación que el encuentro entre diferentes subjetividades generan de forma dialógica (Biglia y Bonet-Martí, 2009).

El conocimiento se genera a través de unas condiciones semióticas y materiales que dan lugar a una cierta mirada, situada en el lugar del sujeto, donde tienen lugar una red de significados y géneros de habla. Como proponen Balasch y Montenegro (2003): "el conocimiento se producirá mediante la conexión parcial, localizable y encarnada con otras posiciones. El reconocimiento de la parcialidad y la limitación de la propia mirada conllevan la necesidad de la conexión/articulación con otras posiciones mediante la cual el conocimiento es posible. Los efectos metodológicos de la conexión/articulación con otras posiciones modificarán la posición inicial de las investigadoras, a la vez que localizan y sitúan el conocimiento producido en un entramado relacional" (p.45). Esto es que el conocimiento surge de la información que comparten investigadora y participantes, en forma de diálogo, la cuál es parcial en el sentido de que todas las posiciones difieren entre sí y se conectan a partir de la tensión semejanza - diferencia que hay entre ellas. Esta parcialidad va a depender de una visión objetiva, es decir, de la capacidad de la investigadora de unirse a otro, de ver junto al otro sin pretender ser el otro (FIC, 2005: 135). Esta capacidad de ver, muestra según Espinoza (2007): "al ser humano como un animal reflexivo, un animal capaz de ver con los ojos de los demás y de conocerse a sí mismo en las interacciones con los otros".  En este sentido, es importante dar cuenta de la relación existente entre quien investiga y el fenómeno investigado y también de los cambios que se producen en esa relación, así como de las experiencias compartidas.

Esta posición reconoce las distintas subjetividades de las investigadoras, en lugar de articularnos como sujetos únicos y uniformes (Biglia y Bonet-Martí, 2009).

Las producciones narrativas tratan al lenguaje desde una perspectiva dialógica (Bajtín, 1989), en la que el lenguaje es entendido como un proceso relacional activo y abierto en el cuál, quien habla, está localizado en una red de relaciones y géneros de habla ya que el género es inherente a las estructuras sociales lingüísticas y discursivas que cuestiona las marcaciones del género como un sistema en el discurso. Por lo que se asume "el lenguaje como un flujo de acciones" (Balasch y Montenegro, 2003: 46). Esta asunción implica que el lenguaje está en constante construcción y reconstrucción en las diferentes interacciones que se dan en la vida cuotidiana, donde se reproducen significados gracias a su carácter responsivo, el sujeto no es algo pasivo sino que responde cuando es interpelado/nombrado. Pero el lugar desde donde habla el sujeto no es un lugar cualquiera sino que es un lugar concreto, definible y contextualizado, que surge de la posición que se construye en la conexión entre investigadora y participante y también del diálogo que se mantiene para la producción del relato.

El proceso mediante el cuál se ha constituido el lugar desde donde se produce el conocimiento se ha de explicitar pero este proceso no conlleva una descripción de la realidad, sino que su objetividad vendrá definida en términos de responsabilidad política. Dicha responsabilidad se expresa en las articulaciones/conexiones con otras posiciones que modificaran la posición de partida. Con esto no se pretende representar la realidad, es decir producir un reflejo o réplica de un hecho externo, sino que apuesta por la difracción, por la apertura de otros espacios de comprensión y producción de significados donde el énfasis recae en los efectos que se desprenden en términos políticos, del conocimiento producido (Balasch y Montenegro, 2003: 45). Es decir, "no se reproduce una imagen incontaminada y objetiva del proceso, sino diferentes narrativas subjetivas que, no son solo el resultado de un proceso de transformación amplio, sino pueden ser la semilla de múltiples reconfiguraciones y lecturas por parte de otros agentes" (Biglia y Bonet-Martí, 2009).

El objetivo de esta metodología es que a través del conocimiento situado el sujeto sea capaz de formarse una visión basada en afirmaciones consecuentes sobre el mundo. Es de vital importancia tener en cuenta el espacio desde donde se llevan a cabo las acciones, debido a que las prácticas semióticas y materiales desde las que nos construimos, tienen un significado contextualizado en un espacio determinado. Los conocimientos situados de Haraway son lugares desde los cuales nos relacionamos con aquello que experienciamos, produciendo conocimientos que representan una realidad, producto de la interrelación entre quien investiga y lo investigado. Al reducir el mundo y la realidad al discurso, al conocimiento, se elimina el problema de la exterioridad del mundo respecto al conocimiento, así el discurso se vuelve realidad (o una construcción de la misma). Pero esta reproducción no es una copia exacta de la realidad tal cuál se vivió sino que, las condiciones que se generan para que surja el diálogo inciden en la producción del mismo. Esto es debido a que para expresar nuestra realidad necesitamos recurrir a la narración de la misma y es el entrecruzamiento de narraciones y diálogos los que otorgan realidad al mundo en el que vivimos. En palabras de Potter (1996) "el mundo literalmente pasa a existir a medida que se habla o se escribe sobre él" (p. 130).

A mi forma de entender el lenguaje, a parte de reproducir acciones, es a la misma vez una acción -hace que los acontecimientos sean socialmente visibles- que repercute en las personas a las que se dirige este acto enunciativo y la respuesta que esta persona emita repercutirá también en la continuidad del diálogo, el qué se dice y cómo se dice. De esta forma también se evita el problema de la representación ya que las traducciones, esos trozos del mundo son una reproducción del mundo social pero no una representación del mismo. Esto permite que la investigación pueda centrarse en trozos de sociedad en lugar de representaciones de la misma y el resultado es que permite que cualquiera pueda contrastar la interpretación y el sentido que la investigadora da a estos trozos sociales analizados (Pujol, Montenegro y Balasch; 2003). Por tanto, no se pretende representar o dar voz sino, crear unas condiciones posibles para el surgimiento de las narrativas sobre el fenómeno de interés y la producción de un texto híbrido en el que se expresa una cierta manera de entender el fenómeno.

Esta metodología se distancia del dar voz a grupos considerados marginados o minoritarios con la intención de visualizar su problemática, en tanto que supone una relación asimétrica entre participante e investigadora, siendo esta última quien tiene la legitimidad académica y científica para dar o quitar la palabra a la participante, reproduciendo las formas de dominación del conocimiento científico sobre otros tipos de conocimiento (Spivak, 1988). Esto se debe a que la estrategia del dar voz construye un sujeto incompleto y parcial que se desenvuelve en fragmentos inconexos al que la investigadora da sentido. Además, al trabajar con participantes en tanto que miembros de un colectivo definido en términos identitarios crea un efecto de representación que homologa la posición de estas personas con otras que comparten la misma categoría identitaria (Balasch, 2005, p. 136).

Las producciones narrativas me ayudan a investigar el fenómeno que se pretende estudiar porque el producto final, el texto, es un relato con una lógica interpretativa surgido de la conversación mantenida entre la investigadora y los participantes, dónde éstos reconstruyen su experiencia participativa, junto con las emociones y afectos (Ramírez, 2008) que se desprenden de esta situación. De esta forma, permite acceder a la subjetividad de los entrevistados, a las emociones, ambigüedades y contradicciones presentes en toda experiencia social. Esto es debido a que la visión situada modifica la posición inicial de la investigadora a la vez que localiza y sitúa el conocimiento producido, surgido de la relación establecida entre investigadora y participante a través del uso del lenguaje, en un entramado relacional.