Montenegro, K. Montenegro, M. (2007). La intervención social para el desarrollo; reflexiones en torno a su práctica en Nicaragua

* Podéis poner el trabajo en sub-apartados, añadiendo páginas hijas. Podéis mirar cómo lo han hecho los otros trabajos.


Montenegro, K; Montenegro, M (2007) "La intervención social para el desarrollo: reflexiones en torno a la actividad interventora en Nicaragua"... Atenea???

Abstract

Palabras clave: Intervención social, desarrollo, experticia, conocimiento situado, subalternidad, post-colonialidad, relaciones de poder.

Introducción

El presente artículo es producto de procesos de reflexión colectiva sobre [1] las dinámicas de la intervención social para el desarrollo que se realizan en los países denominados como "Tercer Mundo", desde una mirada crítica, reflexiva y propositiva. Dichas reflexiones son fruto de nuestras experiencias de trabajo como interventoras sociales y académicas, de múltiples discusiones y construcciones, del diálogo con distintos autores y autoras y, además, de la articulación con profesionales de la intervención social que accedieron a participar en un proceso de investigación y reflexión sobre sus propias prácticas en Nicaragua (Montenegro, K. 2001).

Se inserta en los debates sobre las prácticas de intervención social para el desarrollo en América Latina, referidos a los marcos conceptuales que las sostienen (Escobar, 1995; Flórez, 2001; Hurtado, 2006), las maneras en las que ellas se llevan a cabo en procesos concretos de intervención social (Benessaieh, 2004; Ruiz, 2005; Paz, 2006) y los efectos de las mismas, en términos de definición de posiciones de sujeto y relaciones de saber/poder, en los entramados prácticos en los que se llevan a cabo (Montenegro, 2001).

La reflexión que se presenta parte de la crítica a las dinámicas de intervención que se pautan desde los organismos de "cooperación internacional" en los países del llamado "tercer mundo", y específicamente en Nicaragua, para mirar hacia la actividad de las personas encargadas de intervenir sobre otras, a partir de la idea de “desarrollo”, es decir para mirar nuestras propias prácticas como profesionales o "expertos/as" dentro de los procesos de intervención social.

En concreto se propone una reflexión crítica a partir de comprender los proyectos de intervención enmarcados en la cooperación al desarrollo como matrices de gubernamentalidad (Hacking, 1998; Foucault, 1978; Rose, 1996) que definen actores sociales, tecnologías, saberes y proyectos concretos sobre la base de la idea de desarrollo como un progreso lineal que deben seguir los todos países del planeta, generándose como un proyecto postcolonial.

Para comprender los procesos por los cuales se genera el entramado de la intervención para el desarrollo utilizaremos el concepto de matriz desarrollado por Ian Hacking (1998), entendido como "la interacción entre las construcciones sociales que se hacen de las personas (o cosas) y las personas, junto con la multiplicidad de prácticas sociales e instituciones, en constante interacción" (Hacking, 1998: 68). Esta aproximación es útil para comprender los procesos de intervención social para el desarrollo, en el sentido que va más allá de los análisis que abordan solamente la constitución discursiva de la noción de desarrollo, mostrando los “verdaderos intereses” detrás del discurso de, por ejemplo, el Banco Mundial u otros organismos internacionales (Hurtado, 2006). Desde el concepto de matriz, nos interesa comprender cómo prácticas, discursos, instituciones, personas, y lugares constituyen los procesos de intervención más allá de las diferentes enunciaciones que puedan surgir de los agentes sociales en juego.

El conjunto de instituciones, tecnologías, saberes y agentes sociales que participan en la intervención para el desarrollo conforman una matriz de gubernamentalidad en tanto producen un espacio de control social que ayuda a moldear las conductas de personas y controlar las transformaciones de colectivos de acuerdo a los límites de lo “correcto” (Rose, 1996) y, en este caso, de aquello definido como desarrollado frente a lo subdesarrollado.

A través de este trabajo analizaremos algunos elementos clave que cruzan la "matriz social heterogénea" (Hacking, 1998) de la intervención social para el desarrollo y que generan las condiciones de posibilidad de la actividad de intervención social como dispositivo de gobierno, que condiciona el trabajo que se realiza desde la figura de quienes son definidos como interventores o "facilitadores" de dichos procesos.

Por ello, nos proponemos como objetivo ahondar en los siguientes ejes que hemos identificado como claves dentro de la matriz de la intervención social: los discursos del desarrollo, las relaciones de saber/poder inmersas en estas prácticas neo-coloniales, las posiciones de sujeto que se construyen y refuerzan a partir de estas prácticas, y la búsqueda de formas posibles de actuar de manera crítica y responsable, estando inmersos en estos procesos.

Los discursos del desarrollo

La intervención social o comunitaria que se realiza desde la cooperación internacional en países económicamente empobrecidos, tiene como discurso fundacional y/o justificación, el concepto de desarrollo. El entramado institucional que promueve y financia mayoritariamente los proyectos de intervención social para el desarrollo proviene o bien de organismos internacionales tales como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización de Naciones Unidas, Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Organización Mundial de la Salud, entre otros, o bien de iniciativas de ayuda bilateral proveniente de países llamados del “primer mundo”.

Los orígenes de la ayuda internacional se remontan a la cooperación realizada para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial llamada "Plan Marshall" (De Silva, 1985). En el Plan Marshall, el gobierno de los Estados Unidos utilizó los fondos públicos en términos de concesión para ayudar a naciones soberanas europeas para su desarrollo económico y reconstrucción. Esto definió un tipo de relación en la que ciertos países podían colaborar económicamente con otros sin interferir directamente en los asuntos políticos de estos últimos y, además, un tipo de relación basada en la promoción del desarrollo de los recursos de los países receptores.

En 1949, El presidente de los Estados Unidos, Harry Truman pronunció un discurso que colocaría al desarrollo en las agendas de los países ricos, para establecer un "trato justo" con los países empobrecidos económicamente. Afirmo que, "más de la mitad de la población del mundo vive en condi­ciones cercanas a la miseria... Por primera vez en la historia, la humanidad posee el cono­cimiento y la capacidad para aliviar el sufrimiento de estas gentes... Lo que tenemos en mente es un programa de desarrollo basado en los conceptos del trato justo y democrático... Producir más es la clave para la paz y la prosperidad. Y la clave para producir más es una aplicación mayor y más vigorosa del conocimiento técnico y científico moderno." (Truman, 1949 en Escobar, 1996:3).

En las próximas décadas la figura de la cooperación ha seguido existiendo, pero ha variado la definición de los receptores. En los años 70 "la ayuda se fue concentrando en los países en desarrollo, de renta baja, lo que estaba también de acuerdo con el enfoque hacia las necesidades básicas" (De Silva, 1985: 16). La explicación que da Corsino (1998) es que la ayuda internacional se extendió a los países del "sur" en el contexto de la guerra fría como medida para que estos países no se uniesen al crecimiento del bloque soviético.

En todo caso, la cooperación internacional empieza a interesarse por los agudos problemas socio – económicos que viven grandes extensiones de población. La actuación sobre los problemas del hambre, la pobreza, y las desigualdades en las condiciones de vida de las personas empiezan a cobrar relevancia.

"Se consideró en un principio, y dentro del marco de la cooperación económica y financiera que comienza después de la segunda guerra mundial, que las naciones más desarrolladas tenían la obligación de prestar ayuda a los países del tercer mundo, para que éstos eliminasen su situación de pobreza y subdesarrollo" (Hayter, 1972:10).

Una mejor vida para todos, según las concepciones de la modernidad, y la creciente era industrial en los países del norte, consistía claramente en un crecimiento del capital, del conocimiento científico y tecnológico. La era de la post-guerra en Estados Unidos y Europa marcó una nueva era imperial, la de las doctrinas del desarrollo, donde ellos como estados modernos y benéficos, debían "administrar la miseria de la naciente sociedad industrial." (Flórez, 2002: 57). El desarrollo se empezó a configurar como discurso hegemónico para la solución para el problema de la pobreza [2] en el resto del mundo, y para que las personas "pobres", escapasen de esa condición indigna que era el subdesarrollo (Esteva, 1996).

Así podemos identificar como eje articulador de los proyectos de intervención, una idea de desarrollo económico, científico y tecnológico basada en los parámetros de la modernidad. Es la construcción desde la cual se parte y justifica una intervención social en los países del "tercer mundo", "subdesarrollados", o en "vías de desarrollo", desde países, que gracias a esta construcción y en contraposición, pueden nombrarse como primer mundo o como países desarrollados (Escobar, 1996; Flórez, 2005).

Desde una mirada crítica a la noción de desarrollo propuesta por autores como Arturo Escobar (1991), la noción de desarrollo conforma un aparato (dispositivo) que vincula las formas de conocimiento acerca del tercer mundo con el despliegue de las formas de poder e intervención.

 

"El 'desarrollo' debe considerarse invención y estrategia producida por el 'primer mundo' respecto al 'subdesarrollo' del 'tercer mundo', no sólo como instrumento de control económico sobre la realidad física y social de gran parte de Asia, África y América Latina. El desarrollo ha constituido el principal mecanismo a través del cual esas partes del mundo han sido producidas o se han producido ellas mismas y, en consecuencia, margina o excluye otras maneras de ver y hacer (Escobar, 1991: 137).

Es así como las prácticas y discursos en torno a la idea de desarrollo se convierten en un entramado que justifica la reproducción de las relaciones de intervención desde los países industrializados hacia aquellos que son definidos como “subdesarrollados” o “en vías de desarrollo”; éstos debían salir de su situación de pobreza, ya que ésta representaba una amenaza para el estado de paz y bienestar mundial que se debía lograr a través de la modernidad.

Este giro estratégico hacia el desarrollo, no puede verse aislado de las condiciones históricas que han condicionado las relaciones entre los países que ahora están llamados desarrollados y los países definidos como en vías de desarrollo, que serían sus antiguas colonias. Desde los aportes de los estudios postcoloniales, podríamos decir que el "Orientalismo" [3] que describe Said (1978) y las nuevas tácticas postcoloniales, se fusionan en los proyectos de intervención social, a través de ideas de modernidad y progreso. De este modo, los proyectos de intervención social para el desarrollo entroncan con un marco más amplio de configuración social basado en el proyecto moderno europeo, propuesta a través de la cual el "hombre" a través del conocimiento y las leyes de razón, es capaz de descifrar las leyes de la naturaleza y ponerlas a su servicio. A partir de esta concepción, la naturaleza se considera un adversario al cual se debe controlar a través de la ciencia, la técnica y la razón. Lógica que se instaura en un continuo entre la colonización de América y consecuentes desarrollos científicos y técnicos en Europa (Castro-Gómez, 2000).

El concepto de desarrollo sirve así como paraguas bajo el cual se insertan una serie de prácticas en las que se definen problemas sociales como la pobreza o el subdesarrollo y se generan acciones de afrontamiento de éstas problemáticas, a través de estrategias de intervención social que apuntan a implantar formas de vida basadas en los principios de la modernidad definidas desde parámetros eurocéntricos y neocoloniales (Spivak, 1988).

La analítica del saber/poder colonial y la élite local (6 páginas)

A continuación utilizamos la analítica de poder, señalada por Foucault (1976), para comprender desde aquí algunas tensiones entre poder y resistencia, así como las estrategias de gobierno o de "gobermentabilidad" que funcionan de manera sofisticada a través del dispositivo intervencionista de la cooperación para el desarrollo.

La intervención al desarrollo se erige como un dispositivo disciplinar, que hace uso de relaciones de saber/poder para construir sujetos e identidades, producir verdades sobre las formas "correctas" de vivir, actuar y ser, para finalmente intervenir a los que no corresponden con este modelo. Esto se da a partir de una idea de desarrollo que legitiman estas prácticas de intervención, en el contexto del proyecto "colonialidad-modernidad" (Escobar, 2003).

La propuesta teórica desde el proyecto de "modernidad-colonialidad" plantea; 1) un énfasis en localizar los orígenes de la modernidad en la Conquista de América, 2) una atención persistente al colonialismo y al desarrollo del sistema mundial capitalista como constitutivos de la modernidad, y 3) la adopción de una perspectiva planetaria en la explicación de la modernidad, en lugar de una visión de la modernidad como un fenómeno intra-europeo. (Escobar, 2003)

Según esta propuesta, la era moderna se comienza a gestar a partir de la conquista y colonización de América, período en los que se empieza a "inventar a otros" (Castro-Gómez, 10993) y a gestionar sus vidas en base al binomio saber/poder, inmerso en la fuerza imperial. Así mismo, se sostiene que los dispositivos disciplinarios que se consolidaron en Europa en la modernidad (S XVIII; XIX) no pueden verse aislados de los procesos de colonización de América y "oriente". Así el proyecto de modernidad-colonialidad (Walter Migñolo; 2003, Santiago Castro-Gómez; 1993) apuesta por concebir la modernidad como una maquinaria ramificada, que funcionó construyendo o inventando a un "otro de la razón" en ultramar, durante la producción de "normales y a-normales" en Europa (Foucault, 1976). Colonización en ultramar que "inventa al otro", no solo a través de una construcción discursiva, sino también a través de la fuerza e imposición imperial.

El análisis de las relaciones de saber/poder y la apuesta que Foucault (1992) hace sobre la procedencia o Herkunft [4] queda completo. Las relaciones norte-sur que condicionan las estrategias de desarrollo en los países nombrados como colonias desde la conquista y como "sub-desarrollados" en una era de post-guerra y ahora post-colonial, de alguna manera aporta al  análisis de las estrategias disciplinarias, categorizaciones, y estrategias de dominación (o subversión) a nivel más local.

Según Castro-Gómez (1993), la imagen del sujeto moderno se construye mediante el estudio, colonización y construcción del "otro de la razón"; el indio, el loco, la mujer, el homosexual, el salvaje, otredades que sirven para justificar el dominio y superioridad del sujeto "etnocéntrico", justificando así cualquier intervención en nombre de un conocimiento mejor, en fin, de una vida mejor.

Para abordar las estrategias de intervención para el desarrollo, utilizamos esta comprensión de la historia y de la modernidad-colonialidad, con el objetivo de comprender la manera en que este binomio de saber-poder, puede serguir condicionando las relaciones entre países coloniales y sus antiguas colonias. Países que ahora se validan a través de novedosas descripciones de "otredad", como la de "subdesarrollados" o “en vías de desarrollo”, pero siguen utilizando lógicas similares para justificarse como poseedores de un saber, de lógicas y de formas de vida, que deben ser aplicadas de manera homogénea sobre el resto del mundo.

En este caso, el discurso del desarrollo, en complicidad con el saber experto de las ciencias sociales, serían las formas de conocimiento que justifican la intervención, sobre la base de una supuesta incapacidad de los otros de gestionar sus vidas (Flórez, 2002). Incluso veremos como, desde marcos ya críticos con las estrategias de poder de las ciencias, como las metodologías participativas[5], aún habían algunas personas que realizaban intervención que no cuestionaban ese uso del saber "científico" o profesional, al relacionarse con otras personas, describiéndolas y tratándolas como ignorantes o inexpertos, de esos conocimientos y/o prácticas que se esperaba que debían poseer.

 La práctica de la intervención en Nicaragua

En las conversaciones mantenidas con profesionales que trabajan en el campo de la intervención para el desarrollo en Nicaragua, una de las personas decían, simulando una conversación con una persona en el campo; "no tenés información, no tenés conocimiento de otras formas de vivir, de otras formas de relacionarte, vas a seguir igualito brother. Esa es una de las cosas que vemos, que no hay información, entonces de alguna forma nosotros proveemos de esa información". ("Francisca", en Montenegro; 2005) [6]

Es ahí donde cobra visibilidad la presencia de los saberes de las disciplinas científicas, específicamente el de las ciencias sociales, en los proyectos de intervención social y la manera en que éstas han sido legitimadas por sobre otros saberes dentro de esa misma compleja relación de saber/poder. Aquí cabe hacerse la pregunta; ¿Qué tipo de información o conocimiento es del que carecen las personas con las que habla? Otra de las personas involucradas en las prácticas de intervención social, afirma que, "la gente siempre carece de «capacidad» pero no hay un cuestionamiento sobre de qué capacidad ellos están hablando." ("Dolores", en Montenegro; 2005)

De esta forma, en el mismo movimiento en el que como expertos de la intervención instauramos la carencia en cuanto a la capacidad de conocimiento y de información de las personas definidas como beneficiarias de la acción, es que justificamos la necesidad que tenemos de intervenirlos. Siendo coherentes con nuestras dos grandes tradiciones; la historia de las disciplinas o normalización de la modernidad, y las viejas, pero nunca obsoletas formas de domino colonial.

Según Nicolás Rose, la autoridad conferida al "experto", a través de las disciplinas sociales y las nociones de desarrollo, le otorgan poder (hacer), sobre las maneras en las que otras personas, definidas como poblaciones "meta" o "beneficiarios", deben conducir y mejorar sus vidas (Rose, 1998). Así las personas denominadas, desde la práctica de la intervención social, como expertos o técnicos portadores de ese saber científico, terminan produciendo conocimiento sobre "...toda una serie de saberes calificados como incompetentes o insuficientemente elaborados: saberes ingenuos, inferiores jerárquicamente a nivel del conocimiento, o de la cientificidad exigida" (Foucault, 1992: 129). Es decir sobre cualquier tipo de saber distinto al científico, saberes no autorizados para hablar en una relación jerárquica de saberes adecuados versus otros inadecuados, incapaces o inferiores.

De esta forma, intervención social para el desarrollo se asienta sobre ciertos roles determinados para validarse. El de los "expertos" o "científicos comprometidos" como modelos de saber autorizados, que se contraponen a saberes construidos como inadecuados, insuficientes o inferiores. "Tienden a... un poco, no valorar a la gente, a no valorar los conocimientos de la gente,... a subestimar el potencial que tiene la gente en el campo, cuando ellos tienen generaciones y generaciones de hacer las cosas que nosotros aprendimos en una pizarra, mientras ellos las aprendieron trabajando". ("Bosco" en Montenegro; 2005)

Experticia que se piensa de antemano y desde un campo específico, como el de las ciencias, la academia o el de los saberes técnicos especializados y se contrapone a saberes distintos, calificados como no-expertos en este tipo de relaciones. Esta experticia en el campo científico/técnico se caracteriza por esa relación intrínseca entre saber/poder en donde, no sólo se niegan otros conocimientos o experticias, sino también se parte de la suposición que nuestra experticia, cómodamente asentada sobre la razón científica moderna, es extendible, aplicable y válida por sobre cualquier otro campo de conocimiento. Este saber le es tremendamente útil al poder, y es ese mismo poder (político, económico, internacional) se las arregla para que su saber se autorice continuamente, mientras desautoriza otros saberes.

Como continuación del proyecto de colonialidad, los saberes expertos de la intervención para el desarrollo siguen situándose como necesarios frente a la falta de racionalidad de los grupos receptores de dicha intervención. Tal como afirma Said (1978) en el caso de oriente, los cronistas europeos en "oriente" afirmaban que; "la precisión es incompatible con la mente oriental... La falta de exactitud que fácilmente degenera en falsedad, es en realidad la principal característica de la mente oriental. El Europeo hace razonamientos concienzudos... es por naturaleza lógico... y es también por naturaleza escéptico... La mente del oriental por otro lado, igual que sus pintorescas calles, carece por completo de simetría, y su manera de razonar esta llena de descripciones desordenadas" (Said, 1978:66). Es así, como el saber del experto y el saber del colono se fusionan en la intervención social, las relaciones internacionales entre países del centro y de la periferia[7], siguen condicionando de alguna manera las lógicas de la intervención.

En este proceso, se puede observar, en el caso de la intervención al desarrollo en Nicaragua una jerarquización de saberes en la cual, los promotores de las agencias internacionales se erigen como más expertos que los interventores locales y éstos, muchas veces, como más expertos que las poblaciones diana de sus intervenciones. Tal como lo comenta Dolores: "La relación entre los que trabajábamos allí era complicada, no habían lazos fuertes con nadie y encima las relaciones con los directores eran terribles. El director internacional nos descalificaba todo el tiempo, que no éramos «suficientemente profesionales»" ("Dolores", en Montenegro; 2005)

En esta lógica; el europeo o profesional internacional sabe más que el profesional local, su saber esta legitimado por los discursos del desarrollo, él es de un país "desarrollado"; el directivo o profesional local (grupo dominante mestizo), sabe más que el técnico o facilitador rural, su saber está legitimado por la universidad y su clase social; el técnico rural sabe más que el campesino, su conocimiento esta formalizado, el campesino sabe más que la mujer, ya que es hombre, y así podríamos seguir en una jerarquía de saberes, todos supuestamente justificados según; nacionalidad, género, nivel educativo, clase social, etnia y la misma ubicación geográfica dentro del país.

Gayatry Chakraborty Spivak, (1988b) afirma que la llamada “elite profesional local”, está basada en la complicidad de las personas que realizan la actividad de la intervención (interventores/as), con las estrategias neo-coloniales de cooperación para el desarrollo. Profesionales de la intervención, una especie de "criollo", que condensa el saber del colono con el saber del experto, para producir saber e intentar actuar sobre las personas que construye como margen o como subalternos en su mismo país, a través del "foco local" (Foucault, 1976) de la intervención para el desarrollo.

Una Elite local que irónicamente, también se convierte en margen cuando se le compara con los expertos internacionales. Así bajo esta lógica colonial y moderna, los saberes se irán validando según; nacionalidad, género, nivel educativo, clase social, etnia y la misma ubicación geográfica dentro del país. Flujos constantes desde los márgenes al centro, lugares de saber/poder que se validan sobre unos mientras callan frente a otros, frente a esos expertos internacionales, hombres, profesionales, occidentales y "desarrollados".

"Hoy las viejas formas de adjudicación imperial e intervención abierta y sistemática, no pueden mantener una legitimidad incuestionada. El neo-colonialismo esta fabricando sus aliados ofreciendo compartir el centro de una manera novedosa (no una ruptura, sino un desplazamiento); apoyo disciplinario a través de la convicción de autentica marginalidad de la elite (o aspirante a elite)"[8] (Spivak, 1988b:222). Expertos Interventores/as sociales, aliados locales y cómplices de un "neo-colonialismo", dentro de las mismas dimensiones coloniales-territoriales.

La pregunta que nos hacemos es, ¿queremos ser cómplices en la construcción de un nuevo orientalismo? (Spivak, 1988b). ¿Uno en el que conspiramos en la construcción de un nuevo objeto de investigación; "lo marginal"[9] y de intervención para lograr las transformaciones sociales que unos pocos desean, dentro de un neo-colonialismo que se apoya sobre elites auténticamente marginales? ¿Cuál es nuestro papel como profesionales, académicos y/o técnicos inmersos en el mundo de la intervención social?

Los principales actores: "interventores" e "intervenidos"

Si bien, muchas de nosotras somos críticas con las estrategias de intervención social, incluso desde un bagaje de las metodologías participativas, en la mayoría de los casos, nunca somos del todo concientes de que la manera en que nombramos/pensamos a las personas, y nos nombramos o construimos, forma parte de las prácticas que llevamos a cabo y el tipo de relación que finalmente establecemos con las distintas personas, a través de los proyectos de cooperación.

Las personas que participan en la intervención social para el desarrollo, lo hacen siempre desde el habitar las categorías o roles sociales que se construyen a través de estas prácticas sociales. Prácticas que construyen a unos como "interventores" expertos o profesionales, a través de las estrategias de saber/poder, y a las demás personas como "intervenidas" o beneficiarias de estas prácticas. La lógica de la intervención social define a dos agentes involucrados en estos procesos; los interventores y los intervenidos. Asume que los efectos de dicha intervención solo tocan o transforman a las personas "intervenidas" y asevera que la definición de acciones de transformación social y la capacidad de acción pertenece únicamente a los interventores. (Montenegro Martínez, 2001).

Como hemos dicho, a través de estas dos categorías se construyen a unos como expertos portadores del saber y otros como carentes y faltos de ese saber. Unos en falta y otros en sobra, así los expertos darán en abundancia lo que a los otros les sobra, mientras permanecen inalterados por estas relaciones. La Intervención social, con ayuda de la disciplinas afirma como algunas poblaciones, deben ser intervenidas porque son vulnerables y estarán en riesgo de desaparecer sin esta intervención. Estrategias que al final nos terminan convenciendo de la necesidad imperante de estas personas de ser intervenidas. "...porque en realidad esa gente, esos pobladores indígenas están muy faltos de ayuda cualquier tipo de ayuda que vayas a hacer la verdad, es muy bien recibida, y están tan necesitados que cualquier propuesta que les hagas les va a parecer interesante." ("Pedro", en Montenegro; 2005)

Sabemos que estas maneras de construir y categorizar a las personas con las que se trabaja, forma parte de las prácticas que llevamos a cabo y el tipo de relación que finalmente establecemos con las personas en estas estrategias. "Porque si soy interventora, yo represento un proyecto y si yo represento un proyecto, represento un beneficio para ellos, porque ellos sin mis beneficiarios, y si son mis beneficiarios les voy a dar alambres de púa para su ganado, o concentrado, o abono". (Carmen, E2, p.6)

Nuestras prácticas desde la barriga del monstruo

Partiendo de la noción de Hacking (1998) desarrollada anteriormente, entendemos que la práctica y los discursos de la intervención social son constitutivos del propio espacio de la misma. Así, dentro de la matriz de la intervención social para el desarrollo en Nicaragua, también existen las personas y sus prácticas concretas. Prácticas también materiales y semióticas, que de alguna manera tienen la posibilidad de transformar o subvertir esta matriz material y semiótica, y esta disposición que condiciona a los proyectos de intervención social.

El lugar del o la interventora social es una posición compleja. Por ello utilizamos la metáfora de la "mestiza" de Anzaldúa (1987) para hablar de este lugar como híbrido y fronterizo. Esta habita lugares de saber/poder, por ende es capaz de resistir, no es ni oprimido ni opresor, se ubica en un lugar intersticial entre las lógicas de la cooperación internacional, y las prácticas concretas de intervención social. Realiza intervenciones "dirigidas" por organismos internacionales, a partir de metodologías de corte participativo (Investigación Acción Participativa; Educación Popular; Teología de la Liberación) desde su tradición revolucionaria.

No obstante queremos pensar en este lugar no como un lugar de mediación, sino como un lugar políticamente situado con las personas con las que trabaja en Nicaragua, implicado desde sus vivencias y articulación, en la transformación social de las realidades que co-habita. Crítico y con capacidad de respuesta y gestión ante los organismos internacionales con los que también trabaja. Así sabemos que no es único lugar desde el cual se puede actuar políticamente en la construcción de otros mundos, sino un lugar más dentro de una matriz compleja, desde el cual se puede ser crítico y realizar prácticas distintas, dentro del mismo dispositivo o matriz que nos contiene.

Para esto, mencionaremos algunos ejemplos que nos relataban las personas que realizaban la actividad de intervención social en Nicaragua, que nos permitieron darnos cuenta que co-existían prácticas o movimientos "tácticos" (De Certeau, 1990) dentro de estos lugares "estratégicos" de saber/poder. Es decir formas de hablar y actuar en colectivo, que distaban de lo que se dispone desde el dispositivo proyecto para la práctica de la intervención social. Por ejemplo algunos no llamaban intervenidos o beneficiarios a las personas "meta" de sus proyectos, incluso criticaban la jerga que utilizaban los proyectos para referirse a estas personas, como "contrapartes". Reflexionaban sobre, y actualizaban, sus formas de nombrar en la misma relación con estas personas.

Uno de ellos fue el trabajo que realizaba un grupo en un pueblo de Nicaragua, al buscar construir o re-construir una identidad indígena, a partir del hacer memoria de manera de manera colectiva. Reconstrucción en la que los responsables del proyecto también estaban implicados activamente. Similar a la idea de "Esencialismo estratégico" (Spivak, 1992), que se piensa como una posibilidad de actuar políticamente con otros, devolviendo las categorías peyorativas contra sí mismas como diría Butler (1997) y afirmándolas en positivo. Así esta enunciación del yo, como indígena se basaría en la re-elaboración colectiva de un pasado común o de pueblos similares, para actuar en el presente. Teniendo como consecuencia la creación de un consejo de ancianos como órgano de consulta y decisión local, y participación de mujeres en la esferas públicas de la comunidad.

Otro ejemplo es el colectivo "Asociación Nicaragua", quienes actualmente llevan a cabo un proyecto de seguimiento a políticas públicas financiado por una organización internacional. Proyecto que se dispone con un claro enfoque técnico, la construcción y aplicación de un instrumento de medición de políticas para la población, pero que se implementa con un filo político distinto. Posicionamientos críticos que no se hacen desde actores individuales sino desde una red de actores sociales que comprenden desde organizaciones no-gubernamentales, hasta movimientos sociales en Nicaragua. Actores colectivos que tienen capacidad de gestión de los proyectos que implementan, de llevar a cabo movimientos tácticos dentro de estas estrategias, e incluso posibilidades de renunciar a este financiamiento, para continuar actuando desde la articulación con demás sectores de la sociedad civil en el país.

Redes de colectivos que deciden y llevan a cabo proyectos que pueden transformar, subvertir o incluso rechazar para seguir trabajando en lo que les interesa... Falta profundizar....

Reflexiones Finales

Spivak ofrece una crítica a la posición de los intelectuales "transparentes" o no-marcados, práctica que muchas veces pasa desapercibida, incluso dentro de las tradiciones más críticas de las ciencias sociales. La construcción de un sujeto marginal o "subalterno", nos impedirá saber si estas personas poseen conocimientos, formas de organización o estrategias para solucionar sus problemas. El sujeto "marginal", "beneficiario" o "subalterno" realmente nunca podrá hablar si nosotras esperamos escuchar la voz del subalterno. La voz de una categoría unitaria que represente al margen que hemos identificado.

Debido a esta categorización, los interventores no serán más que "expertos" que no aprenden ni se transforman, mientras que los otros, quedarán siempre como pobres y mudos, como personas que debemos transformar a toda costa. La mujer subalterna estará siempre en la sombra (Spivak, 1988), puesto que no hay oídos que escuchen eso que se piensa inexistente.

Creemos que debemos cuestionar estas categorías identitarias marginales, mientras de-construimos esa noción de experticia afincada desde antaño en un continuo "modernidad-colonialidad". Poner en conflicto a la idea de experticia, desarmarla a través de la reflexión y del reconocimiento de otras posiciones, preguntándonos constantemente por ese otro imaginario que siempre, y no casualmente nos termina ubicando como expertos/as.

Las posiciones de los "subyugados" no deben estar exentas de re-exámen crítico, de descodificación, de de-construcción, ni de interpretación, es decir de los modos hermenéuticos y semiológicos de investigación crítica, Haraway (1991). "Aunque creo que conseguir mejores niveles de vida depende de mejores oportunidades económicas, considero que eso no se separa obviamente de cambios sociales, políticos y cambios en los discursos que legitiman el racismo, cambios en los discursos culturales que argumentan una pasividad que no existe, o un como son los nicaragüenses, que no creo que sea cierto". (Dolores, E8, p.9)

La diferencia radical construida como otredad carente y necesitada de ser transformada, no solo justifica nuestra existencia como expertos interventores junto con nuestros mediocres intentos por la transformación social, desde un dispositivo proyecto, también sirve para el mantenimiento de las relaciones post-coloniales de dominación desde los países económicamente desarrollados, hacia los que se supone, deberán serlo.

Pensamos que debemos dejar de preguntarnos por los "otros" para hablar desde nuestras posiciones situadas y encarnadas. ¿Qué pasaría si pensamos en nuestras posiciones como las condiciones de posibilidad para relacionarnos con los demás? deseos, carencias y motivaciones que se reconocen inmersas en articulaciones con otras personas, y que son capaces de construir de manera conjunta y situada otras formas de hacer y pensar. Desde eso que nos mueve a trabajar en la transformación de realidades que nos incomodan o duelen. "Pueden haber motivaciones igual fuertes, por ejemplo el compromiso social, la concepción de injusticias, incluso yo formo parte de un sector que ha sido, y que puede ser que seguirá siendo explotado, oprimido, sin libertad, condicionado..." (Álvaro, E7, p.3)

"Por tanto yo, (igual que Haraway), queremos luchar por una doctrina y una práctica de la objetividad que favorezca la contestación, la de-construcción, la construcción apasionada, las construcciones entrelazadas y que trate de transformar los sistemas de conocimiento y las maneras de mirar" (Haraway, 1991). Ya no maneras de mirar desde arriba o abajo, desde un centro o desde un margen, sino desde un posicionamiento crítico, situado y responsable.

Creemos que esta encarnación tiene la potencia para ir transformando tácticamente las disposiciones de los proyectos, pero también nos da la fuerza y capacidad para tener voz y capacidad de gestión con las agencias y expertos internacionales. Expertos que también nos construyen como subalternos y para quienes también dentro de esta lógica, no tenemos voz ni voto, solo capacidad de reproducción.

Este sujeto contaminado, de alguna manera afectivamente involucrado con el trabajo que realiza distaría mucho de ese sujeto no marcado y distante que diseñan las lógicas de la cooperación para el desarrollo. Ya no un experto que es capaz de nombrar e intervenir a otros desde su inmutabilidad, en nombre de la verdad del desarrollo, sino un sujeto afectado, quizás un poco en falta y capaz de ser transformado a través de la articulación con otras personas.

Así como Spivak, creemos que debemos "aprender a hablar a", en lugar de pretender "escuchar a otros", "hablar por otros", o "dejar hablar a otros" (1988). La apuesta por la articulación puede lograrse a través de ese pequeño movimiento que nos baja del pedestal de las sobras, hacia el terreno de la falta, del deseo y la fuerza por actuar con otros, desde un proceso de aprendizaje y articulación colectiva.

Así afirmamos que desde nuestra posición no queremos ser cómplices con la construcción de un neo-colonialismo, a través de la imposición de un modelo de desarrollo capitalista, etnocéntrico y masculinista. La intervención social para el desarrollo no es una necesidad para estas personas, no podemos seguir validando estas estrategias a partir de la necesidad intrínseca del "otro", de ser intervenido. Creemos que es una irresponsabilidad.

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[1] Este trabajo parte de la base de que toda producción de conocimiento se realiza de manera colectiva (específicamente, en este caso, en los grupos de investigación FIC y Creacción, UAB). Por ende utilizaremos el plural para referirnos al carácter colectivo de las reflexiones que aquí se presentan producto de las relaciones con profesoras/es, amigas, colegas, personas que trabajan en intervención social, académicos, autores, etc..

[2] Según Flórez (2002), la pobreza vista anteriormente en Europa como una condición digna hasta el siglo XIX, empezó a considerarse en ese momento, una problemática social. Mientras que el desarrollo entendido como un proceso cíclico, inmanente y fluctuante, con la modernidad, empezó a entenderse como un proceso lineal, deliberado y ascendente.

[3] "El Orientalismo es el término genérico que empleo para describir la aproximación occidental hacia Oriente, es una disciplina a través de la cual Oriente fue (y es) abordado sistemáticamente como tema de estudio, de descubrimiento y de práctica" (1978: 110)

[4] Según Foucault, este término que se traduce por lo general como "origen", es más bien la fuente, la procedencia, la vieja pertenencia a un grupo. Pero lejos de ser una categoría de la semejanza de raza o tipo social, nos ayuda a percibir todas las marcas sutiles singulares, sub-individuales que pueden entrecruzarse en el individuo para formar una raíz difícil de desenredar. Para Foucault; "Seguir la filial compleja de la procedencia, es al contrario mantener lo que paso en la dispersión que le es propia; es percibir los accidentes, las desviaciones ínfimas o -al contrario- los retornos completos, los errores; los fallos de apreciación, los malos cálculos que han producido aquello que existe y es válido para nosotros; es descubrir en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos, no esta en absoluto la verdad ni el ser, sino la exterioridad del accidente." (1992:12-13)

[5] Metodologías de investigación-acción, utilizadas en el trabajo de intervención comunitario en Latinoamérica. Son procesos que se derivan de propuestas desde las ciencias sociales, la pedagogía, la psicología, la teología y la política. Sus principales exponentes son; Orlando Fals Borda, Paolo Freire, Ignacio Martín Baró y Maritza Montero.

[6] Las citas utilizadas corresponden a las personas entrevistadas (sus seudónimos) en el trabajo de investigación, técnicos o profesionales que trabajaba o han trabajado en proyectos de cooperación para el desarrollo en Nicaragua. Ver: Montenegro, K, (2005) "La Intervención Social para el Desarrollo; Reflexiones en torno a la actividad interventora en Nicaragua", Trabajo de investigación dirigido por la Dra. Marisela Montenengro Martínez, en el Programa de Doctorado de Psicología Social de la UAB.

[7] Modelo económico propuesta por Prebisch, R. (1949) a través del cual, "pretendió descifrar la naturaleza de los vínculos entre economías de diversos niveles de desarrollo y los desafíos que confrontaban las menos avanzadas, dadas las asimetrías de poder en el orden mundial. El objetivo era identificar las respuestas válidas para impulsar el desarrollo de los países latinoamericanos y establecer relaciones simétricas no subordinadas con el resto del mundo". En; Manuel Fernández López (2001) Biografía de Raúl Prebisch. La gaceta de Económicas. Buenos Aires. Abril y mayo.

[8] La traducción del inglés al castellano es de las autoras de esta investigación.

[9] Spivak dice que debemos tener cuidado, ya que como profesores e intelectuales estas participando en la construcción de un nuevo objeto de estudio; "el Tercer Mundo" y "lo marginal", con el objetivo de ser validados institucionalmente y obtener las certificaciones pertinentes. (1988b:222) En este trabajo entenderemos "margen" como aquello que se construye como objeto de conocimiento y de intervención, en forma de "subalternidad", desde ciertos lugares de poder, en oposición a un "centro", que es ese mismo lugar de poder.

Comments

artículo

K,

te voy apuntando cositas:

Introducción

respecto del rol que usas en la introducción, me parece que mejor describes como entenderas al sujeto que tomar una categoría que no utilizaras

 "que en muchos casos sabemos que hacen más daño que bien" (porqúé?)

 El análisis de las relaciones de saber/poder y la apuesta que Foucault hace sobre la procedencia o Herkunft[10] queda completo. no me queda claro este concepto aquí y su conección

de forma, revisar comas, (no soy experta en esto) pero me suenan frases muy largas. 

si el artículo no tiene la clasiica forma, teoría, analisis conclusiones, es bueno que expliques como estructuraras el txt, porque se citan en igual valor las citas, etc...

"

Una Elite local que irónicamente, también se convierte en margen cuando se para en frente de los expertos internacionales. Así bajo esta lógica colonial y moderna, los saberes se irán validando según; nacionalidad, género, nivel educativo, clase social, etnia y la misma ubicación geográfica dentro del país. Flujos constantes desde los márgenes al centro, lugares de saber/poder que se validan sobre unos mientras callan frente a otros, frente a esos expertos internacionales, hombres, profesionales, occidentales y "desarrollados". " esto se podría desagregar y detallar con citas?

Así sobre estas dos categorías se construyen a unos como expertos portadores del saber y otros como carentes y faltos de ese saber. Unos en falta y otros en sobra, así los expertos darán en abundancia lo que a los otros les sobra   FALTA???

 

"Porque si soy interventora, yo represento un proyecto y si yo represento un proyecto, represento un beneficio para ellos, porque ellos sin SON???? mis beneficiarios, y si son mis beneficiarios les voy a dar alambres de púa para su ganado, o concentrado, o abono". (Carmen, E2, p.6)

 

a partir de metodologías de corte participativo (IAP; EP; TL) (una cita al pie con las siglas?)

"Quería mencionar algunos ejemplos que nos relataban las personas que realizaban la actividad de intervención social en Nicaragua, que nos permitieron darnos cuenta que co-existían prácticas o movimientos "tácticos" (De Certeau, 1990) dentro de estos lugares "estratégicos" de saber/poder. Es decir formas de hablar y actuar en colectivo, que distaban de lo que se dispone desde el dispositivo proyecto para la práctica de la intervención social. Por ejemplo algunos no llamaban intervenidos o beneficiarios a las personas "meta" de sus proyectos, incluso criticaban la jerga que utilizaban los proyectos para referirse a estas personas, como "contrapartes". Reflexionaban sobre, y actualizaban, sus formas de nombrar en la misma relación con estas personas, cosa que me impresionó y avergonzó un poco, ya que mis preguntas iban dirigidas justamente a encontrar eso que se espera y critica de los interventores sociales."  Respecto de este parrafo falat conexión con el parrafo anterior, es interesante lo que introduces pero hay un salto a experiencias, y listas dos, cuando haz hilado en el texto otras, el lenguaje se hace + coloquial cuando antes estaba + técnico...

Como señala dolores.... (sino queda una frase tuya, pero no lo s, tiene cita) "Aunque creo que conseguir mejores niveles de vida depende de mejores oportunidades económicas, considero que eso no se separa obviamente de cambios sociales, políticos y cambios en los discursos que legitiman el racismo, cambios en los discursos culturales que argumentan una pasividad que no existe, o un como son los nicaragüenses, que no creo que sea cierto". (Dolores, E8, p.9)"

el texto es nos o es yo....a veces confunde: "Por tanto yo, (igual que Haraway"

la conclusión es fuerte y me parece bien, pero una duda, las necesidades mataeriales existen... podrían gestionarse las ayudas de otras formas, no neocoloniales y que favirezcan y validen la gestión local???

nicaragua o Nicaragua?

un abrazo, me gusta mucho!!!!

y pa athenea, mira sus requisitos

Pamela Gutiérrez Monclus

Terapeuta Ocupacional

Doctoranda en Psicología Social UAB