Método

Para comprender qué es lo que estoy proponiendo estudiar y dónde me sitúo me parece fundamental comenzar por aclarar desde dónde voy a investigar. Esta respuesta sólo puedo darla desde mí, mis intereses y desde dónde, como profesional, mujer, joven, chilena (y otras tantas cosas) entiendo el mundo y mi rol como investigadora.

4.1 ¿Desde dónde investigo?

 Investigar es político 

Entiendo el mundo desde una perspectiva crítica, esto es, más que nada, tener la necesidad de desentrañar las relaciones de poder que se han instalado y asentado en nuestra sociedad.

De acuerdo con Balasch, García & Ema (2005), mirada crítica es aquella que tiene un doble objetivo: por una parte busca politizar un orden determinado, es decir, desnaturalizarlo, mostrando las relaciones de poder que están detrás de su consolidación como orden hegemónico, y por otra parte, contribuye a la constitución de un orden de cosas diferente al hegemónico.  

Comparto también las ideas de Haraway (1995) respecto al rol que han jugado las Ciencias en general, y por tanto las Ciencias Sociales, en la configuración del orden actual, a través de la construcción  de categorías que reifican un sistema y se establecen como verdad. El rol que tenemos como investigadores sociales hace fundamental que reflexionemos respecto a qué temas estudiamos, cuál es rol de nuestras investigaciones, desde dónde nos planteamos y qué y cómo comunicamos.

Desde aquí resulta fundamental aclarar que esta investigación se piensa como un ejercicio político, donde se producen influencias y cambios en el proceso de conocimiento tanto en la investigadora como en las participantes de este estudio.  Este carácter político lo planteo desde dos perspectivas: en la consideración de que el hacer investigación implica un movimiento, que es político, y al creer que, como señala Ibañez (1982) la Psicología Social es intrínsecamente política.

La acción política de la investigación está en la posibilidad de desestabilización a partir del reconocer el carácter contingente e inestable de la realidad y la posterior fijación de un significado. Esta fijación la entiendo como una cristalización momentánea de significantes que permite la estabilidad cotidiana (Ema, García & Sandoval, 2003). 

En este segundo momento de fijación, se produce un acto violento y de fuerza, en tanto implica detener el movimiento infinito de diferencias. De este modo, los procesos de institución de la objetividad están abiertos al poder y a la exclusión y esto implica hacer política (Ema, García & Sandoval, 2003).  

La segunda vertiente que alimenta el carácter político de esta investigación se relaciona con el trabajo disciplinar de la psicología social. Como dice Ibáñez (1982)  no es separable la producción de conocimiento y la construcción de objetos de conocimiento. De este modo  “la psicología social no se ciñe a informarnos sobre las características de la intersubjetividad contemporánea, sino que contribuye a constituir esas características en el propio proceso de investigación” (Ibid:293). 

Con esto, queda planteado que sin lugar a dudas la labor del psicólogo social transforma la realidad y es, por tanto, política. La disciplina psicológica no es objetiva sino que deviene de una racionalidad humana. “La cuestión del compromiso político orientado a un cambio social emancipador no pasa tanto por reconducir las conocimientos psicosociales hacia otras aplicación, ni por estudiar los problemas que la psicología social estándar menosprecia y a partir de ahí actuar en consecuencia, sino que pasa por romper de forma radical con los supuestos epistemológicos que sustentan la propia psicología social en tanto que disciplina “científica” (Ibid:.296) .

Con estas primeras definiciones claras, resulta importante adentrarse en las cuestiones epistemológicas que me dan la base desde dónde construyo esta investigación, desde dónde pienso, desde dónde interpreto, desde dónde pregunto y cuál es la ética de este estudio.

La realidad es intersubjetiva 

En la tradición científica, positivista y representacionista, se ha entendido la realidad como algo conocible. Es, por tanto, el investigador un sujeto que mira la realidad externa a él y desde ahí la aprehende y la representa. “Se dice que una teoría es tanto mejor, mas verdadera o más aceptable, cuanto mejor refleja, o da cuenta, o se corresponde con una realidad” (Ibáñez e Iñiguez, 1996:59).

Existe una diferencia importante entre la idea de un investigar como descriptor o como interpretador de una realidad. Describir como acto científico tiene asociada la idea de que una está fuera de una realidad o fenómeno, y por tanto puede observar, conocer y luego relatar.

Interpretar, en tanto, implica una comprensión intersubjetiva de la realidad. Observar y conocer implica mi propia subjetividad, lo que me lleva a conocer solo una posibilidad de realidad. La realidad es entendida como una interpretación posible, una más de tantas que podrían haber como personas observen. La realidad como una mirada de mi subjetividad. Pero como no soy sola en esa mirada, la realidad es construida en conjunto con otras subjetividades.

Hablo de intersubjetividad entendiendo que el mundo “es intersubjetivo porque vivimos en el como hombres entre hombres, con quienes nos vinculan influencias y labores comunes, comprendiendo a los demás y siendo comprendidos por ellos. Es un mundo de cultura porque, desde el principio, el mundo de la vida cotidiana es un universo de significación para nosotros, vale decir, una textura de sentido que debemos interpretar para orientarnos y conducirnos en él” (Schutz, 1962:41).

Esta investigación se enmarca en una perspectiva socioconstruccionista, desde dónde ontológicamente se sostiene que, la realidad no es conocible en tanto tal, ya que no tiene existencia en sí misma. No es algo que este fuera de mí o de las personas, sino que es construida y reconstruida constantemente, en el lenguaje, en nuestras prácticas cotidianas (Ema, 2006). Por tanto, el conocimiento no es más que una interpretación de un momento específico, de relaciones específicas en un contexto determinado. No busca presentar una realidad ni una verdad, sino aportar, desde un prisma específico a comprender un fenómeno. 

La realidad que construimos está mediada por la propia persona (historia, emociones, pensamientos, etc.) por las relaciones sociales, por un contexto, y por el propio lenguaje.  

El lugar del  lenguaje

En términos de Iñiguez e Ibáñez (1962), es la teoría quien constituye la fuente de realidad. “Las teorías se formulan necesariamente por medio de un material lingüístico, designando con palabras los constructos conceptuales y formulando definiciones verbales de las entidades abstractas. Ese material lingüístico es reabsorbido por la sociedad, pasando a formar parte del material lingüístico que constituye una de las bases más importantes del funcionamiento social” (ibid:62) 

El lenguaje, entonces, es la forma en la que representamos el mundo, y es también la forma en la que construimos el mundo. Se podría decir que el lenguaje es acto desde el pasado y acto de futuro, en un momento y contexto determinado, es decir en el presente. 

Este continuo fluir en el lenguaje (fluir como movimiento constante de “lo real”) se puede ver a distintos niveles: en el propio sujeto, como construcción de sí mismo, en lo colectivo, como construcción de significados, relaciones compartidas, y en lo social, siguiendo a Iñiguez e Ibáñez, como teoría (que podrían entenderse como sedimentaciones de significados). 

“El significado es visto como algo que deriva de intercambios microsociales incrustados en el seno de amplias pautas de vida cultural” (Montenegro y Pujol, 2003). Son entonces los significados lo que nos interesa conocer, en tanto permiten conocer las pautas culturales de un colectivo, construidas a través de la historia de relaciones. La forma que tenemos de llegar a ellos es a través del lenguaje. El lenguaje es el mecanismo social que crea y recrea mundo en los significados. 

Ahora bien, esto en mi investigación se focaliza a través del interés en entonces conocer las narrativas de las personas politizadas, activistas de movimientos sociales. Esto es, tomar desde sus lenguajes sus experiencias para, desde ahí, acceder a sus significaciones e interpretaciones sobre los procesos de politización y sobre el cruce de lo afectivo en estos procesos. 

 Lugar de la investigadora 

Cabría preguntarse a continuación sobre por qué me interesa estudiar este tema y sobre el rol que puedo jugar como investigadora externa a los discursos de unas personas determinadas. Para responder a estas cuestiones tomo a Natanson (1962) en la introducción a  El Problema de la Realidad Social de Schutz (1962), quien dice: “Nuestro conocimiento del otro es posible en un presente inmediato. Captamos el pensamiento del otro en su presencia vívida y no modo pretérito, o sea que lo captamos como un Ahora y no como un Recién. Al hablar del otro y nuestro escuchar son experimentados como una simultaneidad vivida. Esta simultaneidad es la esencia de la intersubjetividad” (Ibid:21).

Creo que, el desde dónde me paro, desde dónde miro influye también en qué y cómo miro, qué y cómo comprendo. No pretendo ser excesivamente relativista con esto, pero si enfatizar que mi objetividad respecto al tema que estudio es situada. Esto es, entender que “el yo que conoce es parcial en todas sus facetas, nunca terminado, total, no se encuentra simplemente ahí en Estado original. Está siempre construido y remendado de maneras imperfectas, y por lo tanto, es capaz de unirse a otro, de ver junto al otro sin pretender ser el otro. Esta es la promesa de la objetividad: un conocedor científico busca la posición del sujeto no de la identidad, sino de la objetividad, es decir, de la conección parcial.” (Haraway, :332).

En esta comprensión desde un presente inmediato, mediado por mi subjetividad, entra la discusión sobre la relevancia del contraste de lo que “veo” con lo que el otro “ve”. Aquí me parecen interesantes las posturas de la investigación crítica, donde no son posibles las ideas clásicas respecto a la distancia con el “objeto-sujeto” de estudio, en tanto la distancia implica una ruptura a la idea de intersubjetividad.  

La investigación es un proceso en el que participan, al menos, dos personas (investigadora- participante) y, por tanto, “implica siempre algún grado de subordinación a las expectativas y elecciones de los agentes de la sociedad convertida en objeto, pues implica una interacción significativa con ellos” (Velasco & de Rada,1997:102). Quizás, más que subordinación prefiero llamar interrelación[1], donde se juegan las expectativas y motivaciones de investigadores y participantes. Esta interrelación implica estar en constante revisión de los objetivos, los métodos, los tiempos, etc. y, de los resultados que se espera obtener (y sus efectos).  

4.2 ¿Por qué esta investigación?

Esta pregunta remite a mi historia, en tanto entiendo que, como he explicado previa,mente, los investigadores “al generar conocimiento acerca de la interacción social, comunicamos también nuestros principios personales” (Gergen, 1996:41),  en la forma como nos acercamos a un tema de investigación, las motivaciones que nos llevan hasta ahí, la interpretación que hacemos, la forma de análisis y de comunicar los hallazgo están puestos nuestros propios sesgos, valores y simbólicos. Por eso, creo que es parte de la transparencia del investigador explicitar estos temas. 

No creo que sea posible conocer algo sin el cruce de mi historia, mis motivaciones, el desde dónde llegué a esta investigación. “El acto de conocer está corporeizado, atravesado  por nuestros valores, pretenciones, disposiciones, etc. Así como por el contexto de normas y relaciones semiótico materiales que nos permiten actuar – conocer de un mundo determinado” (Balasch, Gutiérrez, Ema, 2005:54)

He formado parte, a lo largo de mi historia, de distintos colectivos políticos. He construido, desarmado y reconstruido grupos de discusión y trabajo en los que hemos creído en la posibilidad de cambio al orden social que nos enmarca. Me interesa la posibilidad de plantear una alternativa al estilo de vida y construcción de gobierno que propone el modelo neoliberal inserto en nuestras sociedades occidentales. Me considero una persona politizada. 

Por otra parte, considero que el mundo está ordenado para ciertas personas, con ciertas características específicas. Se han sedimentado ciertas relaciones de poder que se van reificando cotidianamente (Haraway, ). El mundo está hecho para hombres, adultos, blancos, heterosexuales, que trabajan y consumen, pero ¿qué pasa con el resto? Algunos buscan cómo acomodarse a este orden, otros lo ven, les molesta pero le siguen, y otros buscan el cambio, resisten activamente a él.

Algunos, como diría Ema (2007) viven la política y otros lo político. Me interesa entonces el grupo de personas que participa de lo político. Que busca el cambio, que siente que tiene un poder para modificar el mundo en el que vive. Me interesan los que hacen resistencia. Más concretamente, me interesa mirar de manera crítica qué hemos estado entendiendo por participación política, y cómo se relaciona  lo afectivo con lo político. 

Me interesa hacer un cruce entre las investigaciones tradicionales sobre movimientos sociales y participación con las teorías críticas, con las nuevas conceptualizaciones sobre sujeto y subjetividad, para intentar construir una concepción que incluya lo afectivo en la comprensión del sujeto, de sí mismo, de sus actos y por tanto, de su ser politizado. “Necesitamos el poder de las teorías críticas modernas sobre cómo son creados los significados y los cuerpos, no para negar los significados y los cuerpos, sino para vivir en significados y cuerpos que tengan una oportunidad en el futuro”. (Haraway,1995: 322) 


[1] Siguiendo a Foucault creo que la investigación es una relación estratégica entre actores y la idea de subordinación me remite a una relación de dominación.