Movimientos sociales, Acción colectiva y Participación politica

MOVIMIENTOS SOCIALES Y COMPORTAMIENTO COLECTIVO

 

  Para comenzar a hablar de movimientos sociales y participación política me parece importante hacer una primera revisión sobre lo que se ha dicho en psicología sobre el tema. La intensión con esto es poder mapear los discursos relacionados con esta cuestión y desde ahí posicionarme, es decir, establecer desde dónde y cómo yo me relaciono con los diálogos existentes en el tema, dónde yo me paro y hacía donde quiero ir.  Esto es, para hablar de un tema del que se ha hablado tanto necesito dialogar con estas posturas, y por eso parto por hacer una síntesis de lo que hasta ahora he encontrado en la literatura sobre el tema, para poder, desde ahí, establecer mi visión sobre el tema… o la visión que a lo largo de estos años de estudio quiero ir desarrollando. Es como tener un mapa con los caminos se han trazado, establecer dentro de ese mapa donde estoy yo, y a la vez empezar a delinear cual es el camino que quiero recorrer Desde las teorías en psicología política se entiende la participación política de dos formas: la participación convencional y la no convencional. La primera está vinculada al ejercer el derecho a voto en las elecciones de un país y la segunda a la participación de movimientos sociales. “Ambas formas de participación política pueden diferenciarse atendiendo al criterio de demanda o no de las mismas por parte del sistema. Así como la participación política convencional es fomentada y animada desde las instancias del poder constituido, con lo que puede ser fácilmente controlada y canalizada, la participación política no convencional, en ocasiones, desborda los mecanismos instituidos de participación y supone un enfrentamiento con la legalidad establecida” (Seoane, J. y Rodriguez, A., 1988:167) Me interesa enfocarme en esta segunda concepción sobre la participación política, sobre todo porque el derecho a voto es una participación que al ser representativa me parece menos interesante como fenómeno de estudio, y porque me interesa la cuestión de  la búsqueda que hacemos las personas de otras formas de vida, el, en términos de Foucault, hacer resistencia al modelo. Ahora bien, esta concepción de participación política  está muy ligada a la definición de movimientos sociales, y es que para las teorías clásicas la participación política no convencional suele realizarse desde un movimiento social. Entonces, entenderé por movimiento social  la búsqueda de cambios colectivos por parte de un grupo con propósitos comunes y solidaridad en la interacción con elites, oponentes o autoridades” (Tarrow, 1994 en  Klandermans 1997). De esta definición me interesa la idea de que la participación en un movimiento social implica hacer una resistencia, un cambio, a un modelo dominante; que hay un objetivo común y compartido por un grupo de personas y que hay un sentimiento de solidaridad e identidad compartida por los miembros de ese grupo El trabajo en psicología relacionada con la participación política y los movimientos sociales se ha centrado principalmente en el estudio del comportamiento colectivo y el estudio de los movimientos sociales, temas que desarrollaré en las siguientes páginas, con el fin de, como ya he señalado previamente, por una parte contextualizar el trabajo que propongo realizar en este proyecto y por otra parte mapear las áreas teóricas en las que tengo que continuar trabajando durante estos años.  

 

  1. Comportamiento colectivo

 Hablar de comportamiento colectivo remite a muchas ideas y de muy distinto tipo. Desde el comportamiento de una persona dentro de un grupo hasta el comportamiento del grupo mismo. Blumer sostiene que “el comportamiento colectivo se interesa por estudiar las formas en que el orden social viene a la existencia, en  el sentido de emergencia y solidificación de nuevas formas de comportamiento colectivo” (Blumer, 1951:69).  Ovejero (1997) en tanto sostiene que el objeto de estudio de la psicología del comportamiento colectivo implica 4 áreas distintas:a)       La conducta de las masas y multitudesb)       El comportamiento de los pequeños grupos como colectivosc)       El comportamiento de la persona dentro del colectivod)       La influencia del colectivo en la persona  A continuación detallaré algunas teorías que se han desarrollado y que apuntan a comprender el comportamiento grupal. En general, se enmarcan dentro del interés por conocer cómo se relaciona el individuo con un colectivo, principalmente, en cómo el colectivo o grupo influye en la persona que forma parte de él o en cómo se comprende la diferencia entre el comportamiento de una persona en un contexto individual de un contexto grupal. Es decir, el enfoque es principalmente individualista. 

1.1. Teoría del contagio 

Uno de los primero en abordar esta cuestión fue Le Bon a principios del siglo XX, quién sostuvo una teoría sobre la relación del individuo dentro de un colectivo o grupo social, que ha sido categorizada como teoría del contagio. Le Bon postuló que el sujeto dentro de un grupo queda absorbido por ésta (se contagia por la masa), perdiendo sus características individuales y su capacidad de raciocinio autónomo, para conformarse en una parte del grupo. De esta forma, el sujeto sería un ser “irresponsable” en tanto es el “espíritu del grupo” quien lo guía. “La personalidad consciente se esfuma, los sentimientos y las ideas de todas las unidades se orientan en una misma dirección. Se forma un alma colectiva, indudablemente transitoria, pero que presenta características muy definidas. La colectividad se convierte entonces en aquello que, a falta de otra expresiçon mejor, designarçe como masa organizada o, si se prefire, masa psicológica” (Le Bon, 1983:27) Esta teoría ha sido muy criticada, especialmente por la perdida que hay en ella de la visión de la persona como ser pensante y la visión negativa y patologizante de la masa y lo que produce en las personas que forman parte de ellas (Javaloy, 2001). Además es interesante en el desarrollo teórico de esta área, que como respuesta a la teoría de Le Bon se cerró durante mucho tiempo la posibilidad de comprender estos fenómenos de manera psicosocial, centrándose la teoría en aspectos puramente políticos y racionales. Manteniendo la visión negativa sobre la relación individuo-grupo, algunos autores han sostenido que la participación en movimientos sociales (especialmente de carácter totalitario) se relaciona con personas que no han logrado establecer otros espacios de satisfacción personal, que tienen baja autoestima y necesidad de refuerzo social (Hoffer, 1951 y Kornhauser, 1959, en Javaloy, 2001) En 1924, Allport postuló que las personas en espacios sociales se comportan igual que cuando están solas (Teoría de facilitación social), y Blumer en 1951, elaboró una teoría nueva sobre el comportamiento social, ahora con en acento positivo a la relación entre masas y sujetos. Con este nuevo enfoque se abre un largo camino de investigación experimental en psicología social sobre el individuo en los espacios sociales y cómo influye el colectivo o grupo en el sujeto. El estudios psicosocial entonces se centró en comprender qué reunía a un grupo de personas, cómo eran sus creencias compartidas, la construcción de identidad colectiva, las redes sociales y la concienciación (Gamson, 1992) 

1.2   Teoría de la convergencia 

Esta teoría parte de los desarrollos teóricos de Milgram y Toch el año 1969, quienes sostienen que lo que explica el comportamiento colectivo es que un grupo es la reunión de personas con ciertas características comunes. Si la teoría del contagio sostenía que se “pegan” ciertas características en los grupos y las personas se “pierden” de sí mismo, esta teoría señala que las personas con ciertas características tienden a convergir en un grupo y eso las lleva a actuar de una mima forma. Con ese enfoque ya no se postula que las personas en una masa sean irracionales o se despersonalicen, dando una nueva mirada a las posibilidades de las personas dentro del colectivo. 

1.3   Teoría de la norma emergente 

 Esta teoría fue postulada por Turner y Killian en 1957, y toma como base el interaccionismo simbólico, dando mayor poder y capacidad activa a la persona. Estos autores señalan que la conducta de las multitudes “esta regulada por unas normas que no vienen de fuera, que no están institucionalizadas, sino que surgen precisamente el hilo del desarrollo de la propia dinámica del comportamiento de la multitud” (Turner y Killian en 1957, en Ovejero, 1997).  De este modo, la norma sería una condición preexistente y que a la vez va siendo modificada en las nuevas interacciones sociales. El énfasis está en la capacidad que tienen los colectivos para crear nuevas normas sociales, lo que implica una mirada dinámica e interaccionista de las relaciones personas-colectivos.  

1.4   Teoría de la tensión estructural o del comportamiento colectivo  

El autor de esta teoría es Smelser (1962), quien siendo sociólogo y economista basa su teoría en la idea del valor añadido, esto es, que los comportamientos colectivos son el resultado de una serie de procesos  que van añadiendo valor a los pasos anteriores y que a la vez son condición necesaria para el paso siguiente. Esta teoría ha sido aplicada en distintos casos de revueltas sociales. En algunas de estas aplicaciones se ha encontrado que los 6 pasos propuestos por Smelser funcionan, pero en otras aplicaciones sólo se han encontrado algunos de estos paso, lo que rompería la idea de valor agregado y de condición del paso siguiente.  

1.5   Teoría de la identidad social 

El principal autor de esta corriente es Tajfel, quien se centró en comprender de manera más amplia a lo que se venía haciendo los fenómenos de participación social, centrándose en el desarrollo de una teoría que hablaba de la identidad social de las personas participantes de movimientos sociales.  Tajfel señala que “al menos en nuestros tipos de sociedad, un individuo se esfuerza por lograr un concepto o imagen de sí mismo satisfactorio” (Tajfel, 1984:291). Y la pertenencia a un grupo sería una contribución (que puede ser negativa o positiva) a la imagen que cada persona se construye sobre sí misma. A partir de aquí, la identidad social estaría marcada por el sentido de pertenecía a un grupo y sería lo que motiva a las personas a participar. Entonces, identidad social es “aquella parte del autoconcepto de un individuo que deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo (o grupos) social junto con el significado valorativo y emocional asociado a dicha pertenencia” (Tajfel, 1984:292) En la base de esta teoría esta la idea que existen ciertas categorías sociales a las que las personas “adscribiríamos” formando nuestro autoconcepto. De este modo, las identidades sociales que forman parte de nosotros nos harían identificarnos con otros u otras y con ciertos valores, creencias, estilos, etc., y que las personas buscarían identificarse positivamente con los grupos, es decir, que la pertenencia a un cierto grupo o categoría social le aporte, sea satisfactorio para la construcción de su autoconcepto. Los grupos de pertenecía para este autor podrían ser la familia, un movimiento social, el grupo de pares, etc. Tajfel se centra también en una teoría respecto a las minorías y los movimientos sociales. Ya que la pertenencia a un grupo tiene que satisfacer en la formación del autoconcepto, el autor se pregunta por los grupos minoritarios, que tienen  una carga de segregación social… o al menos, de diferencia frente a una categoría social dominante. Al respecto, señala que las personas que forman parte de una minoría tienen una identidad social muy marcada, lo que significa saber que forma parte de un grupo y asociar esta pertenencia a ciertas emociones y valores. De este modo las minorías tenderían a reinterpretar, o hacer una lectura positiva sobre los atributos diferenciales de su categoría ante la dominante.  Las minorías para poder mantenerse dentro de otro grupo mayoritario fortalecerían su identidad social encerrándose en su grupo cultural o generando acciones reivindicativas que den valor distintivo a su categoría. “Ningún grupo vive aislado: todos los grupos en la sociedad viven en medio de otros grupos. En otras palabras, los aspectos positivos de la identidad social y la reinterpretación de los atributos y el comprometerse en la acción social sólo adquieren significado con relación a, o en comparación con, otros grupos” (Tajfel, 1984:293) Otros autores (Johnston, Laraña y Gusfield, 1994), diferencian los conceptos de Identidad Social e Identidad Colectiva. Utilizan este segundo concepto para denominar una característica del grupo construida a partir de la interacción de los miembros de ese grupo. Lo interesante de esta perspectiva es que el foco esta puesto en el grupo por sobre el individual, o en cómo el grupo genera una cierta categorización social que pasa a ser compartida por sus miembros. 

2. Movimientos sociales 

Si bien los movimientos sociales son lugares donde se produce comportamiento colectivo, es posible separar estos dos campos de estudios. Como ya hemos visto el estudio del comportamiento social se refiere principalmente a la forma como una persona se relaciona con un grupo. Por su parte, los estudios sobre movimientos sociales centran su atención en el movimiento social dentro de la sociedad. Si el enfoque anterior lo pudiéramos catalogar dentro de un área de la psicología sería una corriente individualista, en tanto los estudios de movimientos sociales podrían ir dentro de una categoría más bien sociológica. Con respecto al estilo de los movimientos sociales, suele diferenciarse entre “los nuevos” y “los viejos” movimientos, distinción relacionada a los cambios de la sociedad en el último siglo, y que se usa para entender desde aspectos organizacionales hasta aspectos relativos a la motivación de las personas a participar.  Con “los viejos” movimientos se hace referencia a organizaciones más bien reivindicativas de derechos e intereses personales, como por ejemplo las organizaciones de campesinos, de obreros, etc. Mientras que con la idea de “nuevos” movimientos se busca comprender el desarrollo de organizaciones, a partir de mediados de los sesentas, que levantaron temas de interés colectivo, como el feminismo, el ambientalismo, etc.  Turner y Killian (1987) definen movimiento social como “una colectividad que actúa con cierta continuidad para promover o resistir un cambio en la sociedad (o grupo) de la que forma parte” (Turner y Killian, 1987:223). Me gusta esta definición porque incluye las ideas de colectividad, de continuidad en el tiempo (lo que hace diferencia con un acto específico como una manifestación, una protesta o una rebelión callejera concreta) y de cambio social, esto es, que un movimiento social  es el resultado de un conflicto, de una tensión. Un movimiento social desde esta mirada implica la idea de resistencia. El estudio de los movimientos sociales principalmente se puede agrupar en dos corrientes teóricas: El paradigma de movilización de recursos y el de los nuevos movimientos sociales. Como ya he dicho, el foco de estos estudios es bastante sociológico. A continuación sintetizaré ambos enfoques. 

2.1 Paradigma de movilización de recursos  

Esta teoría parte de la idea que “la insatisfacción política y la conflictividad social son inherentes a cualquier sociedad; la constitución de movimientos sociales depende, pues, no de la existencia de esos intereses sino de la creación de organizaciones para movilizar ese potencia” (Dalton, Kuechler & Bürklin, 1992:27). Es decir, con este enfoque se cambia la mirada en la insatisfacción de las personas hacia factores organizacionales de los movimientos sociales. Se comienzan a estudiar entonces factores relacionados con la planificación de un movimientos social, las características de los líderes, los elementos estructurales, financieros, etc. Desde este paradigma los elementos ideológicos no son relevantes, y es también esto parte de lo que se ha criticado a este paradigma y lo que da pié al estudio de los movimientos sociales desde el paradigma de la identidad.  

2.2 Enfoque de los nuevos movimientos sociales o Paradigma de la identidad  

Melucci sostiene que tradicionalmente se ha entendido los movimientos sociales desde una mirada historicista, lineal y objetiva, considerándolos como motores de cambio social a través de en la generación de conflictos. Este autor propone una nueva perspectiva para mirar los movimientos sociales, ya no desde una concepción lineal y causal, de modo que propone que en el mundo actual los movimientos sociales no tienen el rol emancipador que con el que se definían durante los sesentas, sino que tienen un carácter más complejo y multidimensional. “En vez de asumir la existencia de una dinámica social externa que promueve la unidad de acción entre los seguidores del movimiento, y tiene sus raíces en el modo de producción o en el sistema de valores compartidos por los miembros del movimiento social, es necesaria una aproximación diferente, en la que la interpretación de la acción colectiva se sitúe en el interior de ésta y en las relaciones que mantiene con su entorno. El movimiento social no constituye una entidad cuyos elementos están vinculados por lógicas externas, sino una variedad de procesos, actores sociales y estrategias de acción” (Laraña, 1994:78) Aunque la nueva definición que se da a movimiento social desde este paradigma comprensivo mantiene la idea de que busca el cambio social, se incorporan dos elementos importantes: la idea de solidaridad entre miembros y la identidad colectiva. Ambos elementos se entienden como procesos construidos en la interacción social, lo que los hace cambiantes en el tiempo. Con este nuevo paradigma se incorporan elementos cognitivos e ideológicos a los estudios sobre movimientos sociales y comportamiento colectivo, de modo que para entender el comportamiento social o una acción colectiva se miran los siguientes aspectos:-          Factores organizacionales-          Factores políticos-          Aspectos estructurales de la sociedad-          Aspectos individuales (identidad social, ideología, motivación) En este contexto hay diversas teorías e hipótesis que han sido desarrolladas para comprender la participación política. Desarrollaré estos aspectos en el punto siguiente. Ahora bien, aunque este enfoque busca romper con las ideas que se venían tradicionalmente sustentando respecto a los movimientos sociales, mantiene una mirada sociológica. La pregunta que hay detrás es qué lleva a un movimiento social a funcionar, a permanecer unido, pero no hay una mirada a las personas que forman parte de ese colectivo. La pregunta es sobre el colectivo y no sobre el participante. En este enfoque no se mira lo que motiva a una persona a participar, a politizarse a ocupar parte importante de su tiempo y su energía en el movimiento al que se adscribe. 

3. Participación política 

En psicología política he encontrado que se hacen dos distinciones generales respecto a la participación política. Primero si es esta de tipo convencional o no convencional, esto es, relacionada con el voto o relacionada con otro tipo de participaciones; y luego se diferencia entre participación instrumental y participación expresiva (Klandermans, 1983). La primera se relaciona con la búsqueda de  algún cambio desde quienes las ejerce, en tanto las expresivas sólo buscarían manifestar un descontento. Hay estudios de corte cuantitativo y experimental que señalan que la participación no convencional está ligada a un locus de control interno más alto y más alta percepción de eficacia, en tanto implica acciones menos cotidianas y comunes, generando en las personas mayor percepción de control sobre sus acciones. Del mismo modo, en las acciones instrumentales también han encontrado puntuaciones más altas al medir estos factores de percepción interna. Algunas de las hipótesis sobre la relación entre ciertas características individuales y participación política que se han planteado desde estos estudios experimentales son: 

-          Hipótesis de la eficacia: las personas que tienen mayor orientación interna (locus de control interno) tienen mayor participación política

 -       Hipótesis de la formación de poder: las personas con locus externo y que culpan al sistema de esta falta de control, tenderán a participar para disminuir su sensación de falta de poder (powerlessness) 

-          Hipótesis de la desconfianza política: las personas que desconfían y tienen una actitud negativa sobre de la honradez, capacidad, eficacia, etc. de los políticos y del sistema tenderían a participar principalmente de actividades políticas no convencionales 

 -          Otra cuestión que se dice en estos ámbitos se refiere al interés por lo político, y se comenta que más allá de la confianza/desconfianza en el mundo político, el tipo de locus que se tenga o el powerlessness, el interés que tenga una persona resulta fundamental. Ante esto me pregunto ¿qué se entiende por interés? ¿estará esta idea relacionada con lo que yo trato de llamar afectividad? ¿el interés tendrá que ver con una cierta afectividad con lo político? 

-          Teoría de la motivación a participar: Klandermans se cuestiona por lo que moviliza a una persona a participar de un colectivo. Para esto toma la teoría del valor esperado de Feather (1982) quien señala que una acción se va a llevar a cabo cuando hay expectativas de que esa acción tenga resultados y que a la vez se espere que esos resultados sean valiosos. Entonces, señala que la expectativa de éxito es un factor importante en la motivación a participar. La participación se produciría cuando hay incentivos colectivos e incentivos selectivos. Los primeros son aquellos incentivos grupales que son para todos, y los segundos serían sólo para quienes participan. Estos a su vez pueden se dividen en dos tipos, los sociales que son incentivos relativos a las personas significativas de uno, y los no sociales que son aquellos beneficios y costos producto de la participación. De este modo, la participación tendría un componente social, de búsqueda del cambio; motivaciones sociales y motivaciones individuales.   Leyendo un libro sobre los nuevos movimientos sociales (Dalton y Kuechler, 1992) me encontré con un capítulo que tenía por objetivo entender la participación política de una persona en un movimiento social, o al menos eso pensaba yo al comenzar a leer y encontrarme con la pregunta ¿por qué participa la gente en los movimientos sociales? Además se me hacía interesante la idea porque el marco de este texto eran las teorías sobre nuevos movimientos, entonces, pensé yo, podía ser que la forma de abordaje fuera interesante. Sin embargo, el capítulo no hacía otra cosa que entender las motivaciones de una persona para participar como algo cognitivo, racional, medible. Este capítulo, escrito por R. Inglehart, sostiene que “la gente no actúa a menos que desee alcanzar alguna meta: la existencia de problemas y de organizaciones no tendría ningún efecto de no haber sistemas de valores o ideologías que motivaran a las personas a actuar” (Inglehart, 1992:71). Es decir, las ideas de este autor respecto a la participación están fuertemente asociadas a lo cognitivo. Luego, en base a un análisis de clusters, sostiene que la participación en nuevos movimientos sociales se relaciona con valores postmaterialistas, entendiendo  que “los postmaterialistas (…) dan menos importancia al crecimiento económico y más a los aspectos no económicos de la calidad de vida” (Ibid:74). De esta forma, el tener este tipo de “valores” sería un predictor que permite explicar por qué la gente participa en movimientos sociales.  En esta misma línea Dalton, Kuechler & Bürklin (1992) sostienen que la participación en los “viejos” movimientos sociales (asociados a la era industrial) tiene distintas razones que la participación en los “nuevos” movimientos (asociados a los años sesentas en adelante), en tanto el primer caso se relacionaría con una participación ligada a interese propios, en pro de la defensa de intereses individuales, en tanto el segundo casos se asociaría a interese colectivos y más bien humanitarios e ideológicos. Una vez más en esta explicación me queda la idea de que hay algo que no estamos tomando en cuenta, que la visión de ser humano que hay detrás es muy cognitivista, y más que nada, me falta la incorporación de lo subjetivo, de lo afectivo, el discurso de las personas que participan y el cómo ellas se explican su participación. Pero ¿por qué incluyo estas cuestiones? Si el  interés de este proyecto que aquí presento se relaciona con el estudio de lo afectivo en la trayectoria de participación política de  una persona, me parece importante conocer qué se ha dicho desde las distintas corrientes teóricas sobre el tema, incluso si se entiende lo afectivo desde una mirada tan cognitiva como el locus de control o la percepción de eficacia. Al final, poder conocer y comprender estos discursos me da la posibilidad de mirarlos críticamente y establecer una propuesta distinta desde donde creo que podríamos mirar, como psicólogos sociales, esta relación. Lo que se busca mirar con este tipo de estudios es la percepción que tiene una persona de incidir en su entorno político, social. Aquí hay, por cierto, ciertas concepciones sobre lo que es percepción, sobre el individuo, sobre poder, sobre participación etc. que permiten medir y concluir desde estos constructos, y que a la vez, se han acordado por una comunidad de “investigadores” concretos. Pero ¿qué es lo que dice una persona politizada al respecto? ¿Cuál es su discurso? ¿Qué es lo que siente o cree, más allá de cómo eso sea traducido por un investigador específico en una escala de medición? Luego de los estudios de Le Bon donde asociaba el comportamiento colectivo a una irracionalidad, un estado emocional patológico, se derivó el estudio hacia una línea puramente cognitiva, experimental, “cientificista”, asumiendo que la participación política se relaciona con una decisión…racional. Se ha entendido entonces que la participación tiene un fin para la persona, cumple con satisfacer un interés determinado, ya sea de identidad, pertenencia, percepción de control o de poder, pero siempre asociado a una decisión donde la participación implica una ganancia racional para la persona.