Poder y sujeto

PODER Y SUJETO 

 

Al hablar de movimientos sociales y participación política me he referido en varios momentos al concepto de resistencia, y al hablar de la relación entre lo afectivo y lo político también he delineado una relación con la idea de resistencia de Foucault, es por eso que a continuación me referiré brevemente, desde la teoría de Foucault a los conceptos de poder, resistencia, libertad y verdad, para terminar con ciertas ideas sobre la concepción de sujeto como agente. 

1. Poder 

Foucault en sus escritos va elaborando una teoría respecto al poder que se deriva del análisis de prácticas e instituciones específicas (la sexualidad, las cárceles), cuestionando la  concepción ampliamente aceptada hasta esa época (y en la actualidad) de un poder poseido por algunos, estático, depositado. Es en el primer tomo de la Historia de la Sexualidad, La verdad del Saber, que plantéa con claridad la crítica a esta noción de poder, estableciendo las bases de lo que será su teoría al respecto.  “Por poder no quiero decir el Poder (…) tampoco indico un modo de sujeción que, por oposición a la violencia, tendría la forma de regla. Finalmente no entiendo por poder un sistema general de dominación ejercida por un elemento o un grupo sobre otro, y cuyos efectos, merced a sucesivas derivaciones, atravesaría el cuerpo social entero” (Foucault, 1976:97) El poder es una relación entre distintas fuerzas, implica siempre más de un punto y es posibilidad continua de movimiento. Por lo tanto, el poder es producción constante. A su vez, el poder está presente en todos, lo que significa que todos tenemos poder, que viene de todos. Poder que, al estar en continuo movimiento, al ser producción es pura posibilidad de creación.  Deleuze (1987) en su libro Foucault, resume la noción de poder de este autor tomando tres ideas fundamentales: “El poder no es esencialmente represivo (puesto que incita, suscita, produce); se ejerce más que se posee (puesto que sólo se posee bajo una forma determinable, clase, y determinada, Estado); pasa por los dominado tanto como por los dominantes (puesto que pasa por todas las fuerzas en relación)” (Deleuze, 1987:100) Decir que el poder pasa tanto por los dominantes como por los dominados abre también la pregunta respecto al carácter ascendente o descendente de éste. Foucault postula que el poder no es eminentemente descendente como se había pensado hasta es momento (en tanto es poseído por un monarca o gobernante que entrega o utiliza el poder para un pueblo, o lo mismo visto dentro de la familia, poder de un padre para administrar su familia). El poder, al pasar por todos, al estar en todos es tanto ascendente como descendente, y señala Foucault, es  fundamentalmente ascendente (Ibáñez, 1982) en tanto son las fuerzas locales las que han instalado y permitido un cierto orden de relaciones, que además se mantiene en tanto las fuerzas que ascienden así lo “deciden”. 

1.1 Poder–Resistencia

 En la obra de Foucault poder y resistencia van unidos como dos caras de una misma moneda, en tanto son constituyentes de una relación que sólo es posible entender mirando ambas partes.  La resistencia es parte de las relaciones de poder en tanto se entiende que el poder está en todo, en todos, lo que implica que el poder no es omnipotente pero si omnipresente. Con esto, queda siempre abierta la posibilidad de quiebre, de cambio, lo que está dado por la posibilidad del otro a resistir a un poder. Esto finalmente no es otra cosa que la posibilidad de ejercer el poder.  “El poder tiene que ser analizado como algo que circula, o mas bien, como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes no sólo circulan los individuos, sino que además están siempre en posición de asumir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consintiente del poder no son siempre los elementos de conexión. En otros términos, el poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos.” (Foucault, 1979:144) El poder, por tanto, implica al menos dos fuerzas constantes que se entrecruzan constituyendo un estado dinámico, una relación. Estas fuerzas implican el reconocimiento de otro, un compañero, un igual con quien se entre en relación. Entender el poder como relación, implica la posibilidad de movimiento constante de esta relación, esto es, el cambio hacia una mayor “dominancia” de una u otra fuerza.  En esta concepción dinámica de poder, Foucault propone un “continuo” respecto a los tipos de relaciones que se pueden establecer, al tipo de “estabilidad” al que pueden llegar las relaciones. Este continuo tiene en sus polos las relaciones de poder o estratégicas y las relaciones de dominación.   Una relación de dominación es aquella en la que la relación de fuerzas se ha solidificado, cristalizado de una determinada forma, donde una de la partes de la relación ha perdido gran parte de su capacidad de reacción, por tanto la fuerza de resistencia está prácticamente apagada, y la otra fuerza, por tanto, ha adquirido mayor relevancia imponiéndose como dominante. Por su parte, por relación estratégica va a entender a aquellas que “son móviles, es decir, pueden modificarse, no están determinadas de una vez por todas (…) Las relaciones de poder son por tanto móviles, reversibles, inestables” Foucault (1984:126). Es importante aquí hacer la aclaración que para Foucault nunca una relación es totalmente de dominación, esto implica que la posibilidad, por pequeña que sea, de movimiento, de resistencia  está siempre presente. Es decir, toda relación es estratégica, pero puede estar más o menos cercana a establecerse como una dominación. “El problema está más bien es saber cómo se van a evitar en estas prácticas-en las que el poder necesariamente está presente y en las que no es necesariamente malo en sí mismo- los efectos de dominación” (Foucault, 1990:139)

1.2 Poder y libertad

 El poder implica libertad en tanto reconocemos que el poder está en todos y que hay una “decisión” detrás de cada persona para mantener, producir cotidianamente un orden determinado de estas relaciones. En la posibilidad de ejercer, movilizar y cambiar el orden existente, en la posibilidad de resistencia está la libertad del poder.  Es sólo en las relaciones de dominación dónde no hay libertad de las fuerzas implicadas. Por tanto, para hablar de poder, de una relación de poder hay que reconocer libertad en el otro. “El poder sólo se ejerce sobre sujetos libres, y sólo en tanto ellos sean libres. Por esto entendemos sujetos individuales o colectivos que están enfrentados a un campo de posibilidades en el cual diversas formas de comportarse, diversas reacciones y comportamientos pueden ser realizados. Cuando los factores determinantes saturan la totalidad, no hay relacionamientos de poder, la esclavitud no es una relación de poder en tanto los hombres están encadenados. (En este caso se trata de una cuestión de relaciones de constreñimiento físico). Consecuentemente no existe la confrontación cara a cara entre el poder y la libertad, los cuales se excluyen mutuamente (la libertad desaparece en todo lugar donde es ejercido el poder), sino un juego mucho más complicado. En este juego la libertad bien puede aparecer como la condición para ejercer el poder (al mismo tiempo que es su precondición, ya que la libertad debe existir para que el poder pueda ser ejercido, y a la vez ser su apoyo permanente, ya que sin la posibilidad de resistencia, el poder podría ser equivalente a la imposición física)”. (Foucault, 1990:46) 

1.3 Poder y verdad

 Desde La Historia de la Sexualidad de Foucault (1979) podemos analizar la existencia de dispositivos de control y poder que van permeando las distintas estructuras sociales y se cristalizan como verdades a las que nos ordenamos. En este libro se plantea que el sexo ha sido normado desde el discurso respecto a la sexualidad en función de una economía específica que guía la sociedad, es así como “el sexo se ha convertido, de todos modos, en algo que debe ser dicho, y dicho exhaustivamente según dispositivos discursivos diversos pero todos, cada uno a su manera, coactivos” (1976:33). Así como el sexo, han sido múltiples los ámbitos en los que hemos ido normándonos, en los que nos hemos gubernamentalizado de una manera específica, ejerciendo poder sobre nuestras estructuras que nos van delimitando el qué y cómo hacer. Es aquí donde entra el saber, y la definición de verdades, como una de las aristas fundamentales de la producción de poder, como un dispositivo anclado al poder. Es en la verdad, o en nombre de la verdad que se ha ido gubernamentalizando espacios. Es en la producción de verdades que vamos generando normas y estereotipos de normalidad. Es en la verdad también que se produce y reproduce el poder, y por tanto, se puede entender que en “las verdades” encontramos gran parte de la capacidad creativa y productiva asociada al poder. “Si el poder fuese únicamente represivo, si no hiciera nunca otra cosa más que decir no, ¿cree realmente que se le obedecería? Lo que hace que el poder se aferre, que sea aceptado, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho circula, produce cosas, induce al placer, forma saber, produce discursos” (Foucault, 1990:48) Los saberes son utilizados para establecer ciertas estructuras normativas (a través de la definición de verdades) y a la vez son estos saberes normados desde estas estructuras (nuevamente, desde las verdades que se han asentado desde los saberes).  “La verdad no pertenece al orden del poder y en cambio posee un parentesco originario con la libertad (…) la verdad no es libre por naturaleza, ni siervo el error, sino que su producción está todo entera atravesada por relaciones de poder” (Foucault, 1976:63) Finalmente resulta importante considerar que en la idea de saberes hay implicados, tanto conocimientos que se expanden como verdades a través de las personas, la población, como silencios que establecen espacios vedados, ingenuidades, y desde ahí también verdades. “No hay un silencio sino silencios varios y son parte integrante de estrategias que subtienden y atraviesan los discursos” (ibid:28) 

2.      El sujeto como agencia

 Desde las visiones sobre gubernamentalidad descritas por Foucault (1977) es posible establecer un cambio en la concepción de sujeto desde el paso de soberanía a gobierno. De acuerdo a lo propuesto por Foucault, en la concepción de soberanía existente hasta el siglo XVIII se puede derivar una noción de sujeto ligada a la obediencia, que no es libre para ejercer su poder (sujeto dominado por un soberano) a la visión de un sujeto que es en sí mismo la posibilidad de libertad, que busca de manera individual sus propios fines y que es conocible y administrable en tanto población “vida, trabajo y lenguaje son las tres fuerzas que constituyen al hombre como reciente figura de la finitud que viene a sustituir a Dios. Estamos, por lo tanto, ante una fuerza de vida constitutiva de aquello que al mismo tiempo la va a aprisionar: el hombre” (Garces, 2005:94) De este modo los sujetos son considerados como individuos que se diferencian unos de otros en tanto buscan fines propios. Sujetos que buscan su propio bien y que no requieren ser cuidados desde el Estado. Sujetos que saben que hacer y cómo hacer para satisfacer y maximizar su calidad de la vida, y por tanto, es tarea del Estado entregar oportunidades para la libre toma de decisiones, esto es, clientes que satisfacen sus necesidades individuales en el mercado (Vaughan, 2000). En esto las estrategias de subjetivación de los sujetos se han configurado como dispositivos fundamentales que permiten, como se ha expuesto en el apartado sobre gubernamentalidad, conocer y controlar a la población. Es posible pensar que la concepción de sujeto que hay detrás de la teoría foucaultiana está ligada a la posibilidad de libertad, en tanto es producción cotidiana y constante de sí mismo y de sus relaciones. El sujeto como la tensión interna propia entre poder y resistencia, y en esto, la creación de sí y de su libertad. Antonio Negri en su libro El Poder Constituyente (1994) lo explica así: “El hombre aparece en Foucault como un conjunto de resistencias que emanan, fuera de todo finalismo que no sea expresión de la vida misma (y de su reproducción), una capacidad de liberación absoluta. En el hombre se libera la vida, ella se propone a todo aquello que encierra y aprisiona” (Negri, 1994:49) El sujeto es visto entonces como posibilidad de ser, como potencia, como una relación de poder en sí mismo. Pero también es producido constantemente por las relaciones de poder, en tanto le define, enmarca, regula y categoriza, definiendo un campo de acción determinado, al que, una vez más, tiene la opción de movilizar. El individuo está condicionado en su desarrollo por el tejido social de prácticas, relaciones y símbolos en el que se inserta y que remite siempre a un momento histórico y a una sociedad determinada” (Amigot, 2005:94)  “El sujeto es antes que nada, potencia, producción. Ciertamente, el sujeto puede ser reducido a un puro fantasma que la totalidad de los sistemas de represión reduce: pero ¡cuán productivo es esto todavía, incluso sobre este horizonte reductivo y dentro de estos mecanismos! Puesto que sobre este límite el sujeto vuelve a entrar en sí mismo y vuelve a descubrir el principio vital. Pero, en segundo lugar, además de potencia el sujeto es una acción, un tiempo de acción y de libertad, un agencement, abierto porque ninguna teleología lo condiciona o prefigura. Foucault desarrolla primero, de una manera crítica,  un proceso de desarticulación de lo real; después, de manera constructiva, reabre un proceso que asume la desarticulación como condición positiva. Lo que era un camino de necesidad abre espacio a un proceso de libertad. (…) En tercer lugar, el paradigma de la subjetividad es desarrollado en Foucault como lugar de recomposición de las resistencias y espacio público. Henos pues aquí frente a una figura de sujeto que tiene, formal y metodológicamente, características adecuadas al procedimiento absoluto. En efecto, este sujeto es potencia, tiempo y constitución: es potencia de producir trayectorias constitutivas, es tiempo es ningún sentido predeterminado, es por tanto constitución singular” (Negri, 1994:50) Tomando estas ideas, hay también en esta noción de sujeto, como configurado y configurador de relaciones de poder, la posibilidad de alterar, subvertir estas  relaciones, esto es, la posibilidad de resistir. “El individuo es un efecto del poder, y al mismo tiempo, o justamente en la medida que es un efecto, el elemento de conexión. El poder circula a través del individuo que ha constituido” (Foucault, 1979:144) Hay en esta idea de potencia y capacidad productiva del sujeto, asociada la agencia, en tanto posibilidad de realizar acciones, desde la libertad y la resistencia inherentes al ser. El sujeto es agente de la construcción de su propia vida. “El poder dispone estratégicamente los espacios sociales pero lo hace de manera histórica, por lo tanto cambiante. Y en tal desarrollo o movilidad, la resistencia y la agencia participan” (Amigot, 2005:107) “Analizar conjuntamente la sujeción y la agencia supone explorar límites, pero también subvertirlos; pero sobre todo, y para lo que aquí nos interesa, borrar la dicotomía entre individuo/sociedad, sin dejar de pensar la configuración social del espacio subjetivo que, sin embargo, es capaz de modificar en cierto grado sus condiciones de emergencia. Si exploramos como lo social constituye a los sujetos de una forma determinada, también las posibilidades de transformación pasarán por el análisis del orden simbólico/social, de la intersubjetividad y de su lugar en tensión que hemos dado en llamar sujeto. Doble tensión, pues, entre sujeción y agencia y entre la focalización en los social y en lo subjetivo” (Amigot, 2005:116) Finalmente, resulta interesante en estas reflexiones respecto a la noción de sujeto,  la distinción que hace Foucault en sus últimos trabajos, dónde abocado a las cuestiones de gubernamentalidad, tecnologías del yo y conciencia de sí mismo elabora una distinción respecto a sujeto de derecho y sujeto ético: “se ha pensado el sujeto político esencialmente como sujeto de derecho, ya sea en términos naturalistas, ya sea en términos de derecho positivo. En cambio, me parece que la cuestión del sujeto ético no tiene mucho espacio en el pensamiento político contemporáneo” (Foucault, 1990:130) 

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