Domingo, Noviembre 17, 2019

Laboratorio

La prisión de Stanford

La prisión de Stanford

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Hubo dos acontecimientos que marcaron el martes. El primero fue la hora de visita de los padres y amigos. A aquellos prisioneros que tenían familia y amigos cerca se les permitió que les escribieran, pidiéndoles que los visitaran en la cárcel.

Nos preocupaba que cuando los padres vieran el estado de nuestra cárcel y de sus hijos, podían insistir en llevárselos. Para contrarrestar esto, manipulamos enormemente la situación, y entonces manipulamos sutilmente a los visitantes.

Hicimos la visita "hipócrita" para hacer que el entorno de la prisión pareciera agradable a los padres y disimular cualquier queja que pudieran presentarles los prisioneros. Lavamos y afeitamos a los prisioneros, que tenían limpias las celdas, eliminamos todos los signos, les dimos una gran comida, se escuchó música por los altavoces, e incluso una atractiva co-ed, Susie Phillips, recibió a los visitantes.

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Cuando llegó la docena aproximada de visitantes, llenos de buen humor a lo que parecía ser una experiencia novelesca y divertida, sistemáticamente mantuvimos su conducta bajo control situacional.

Se les tenía que mostrar que eran nuestros invitados, a quienes les concedíamos el privilegio de visitar a sus hijos, hermanos y amantes. Tenían que registrarse, se les hizo esperar media hora, se les dijo que sólo dos visitas podían ver a un prisionero, el tiempo total de visita se fijó en sólo diez minutos, tenían que estar bajo la vigilancia de un guardia, y antes de que los padres pudieran entrar en el área de visitas, tenían que discutir el caso de su hijo con el director.

Por supuesto se quejaron de estas reglas arbitrarias, pero curiosamente, lo único que hicieron fue cumplirlas. Así ellos, también, se convirtieron en parte del drama de la prisión que estábamos representando. Efectivamente, algunos de los padres quedaron trastornados cuando vieron lo fatigados y angustiados que estaban sus hijos. Pero su reacción fue moverse dentro del sistema para pedir en privado al superintendente que mejora las condiciones de su pequeño prisionero. Cuando le dije a una madre "¿Cuál es el problema con su hijo? ¿No duerme bien?" su madre dijo "Lo siento, no quiero crear ningún problema, pero parece tan fatigado." Ella estaba reaccionando a la autoridad en que yo inconscientemente me había convertido como superintendente de la Prisión de Stanford.