Sábado, Noviembre 16, 2019

Laboratorio

La prisión de Stanford

La prisión de Stanford

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El jueves por la mañana se reunió el 'Comité de Libertad bajo Palabra'. Todos los prisioneros que pensaban que tenían una razón legítima para ser liberados podían presentar una solicitud. Los prisioneros fueron encadenados juntos y llevados ante el comité con bolsas en la cabeza de forma que no pudieran ver u oír. Entraban en la habitación de uno en uno.

El comité estaba compuesto principalmente de personas extrañas a los prisioneros y estaba presidido por nuestro consultor, Carlo Prescott. Ocurrieron tres cosas remarcables en esta reunión del comité. La primera fue que preguntamos a cada prisionero si renunciaría a todo el dinero que había ganado hasta el momento si le concedíamos la libertad. Todos menos dos dijeron que sí, que renunciarían a todo el dinero que habían ganado si les concedíamos la libertad.

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Esto es dramático por sí mismo, pero menos que lo siguiente. Al final de la entrevista le decíamos a cada uno que volviera a su celda y que consideraríamos su solicitud. Todo lo hicieron dócilmente. Lo que les habíamos resaltado era el contrato, es decir, ellos habían aceptado voluntariamente ser prisionero sólo porque necesitaban el dinero que recibirían por ser sujetos experimentales. Si ahora no querían el dinero, entonces naturalmente no había ninguna razón o motivo para continuar siendo un sujeto en este experimento. Nadie puede ser encarcelado contra su voluntad en un experimento ¿o sí? Lo que deberían haber dicho en ese momento es, 'Dejo el experimento y no deseo seguir siendo un sujeto por el dinero, la ciencia, o cualquier otra razón.' Pero no lo hicieron.

No podían porque su sentido de la realidad había sufrido una transformación. No tenían el poder de decidir dejar el experimento porque ya no era un experimento para ellos. Estaban en una prisión donde la realidad verbal era la libertad. En esta prisión sólo la autoridad correccional tenía el poder de conceder la libertad.

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El tercer acontecimiento interesante del día fue la forma inesperada en que nuestro consultor sufrió una completa metamorfosis como presidente del comité de libertad.

Literalmente se convirtió en el funcionario autoritario más odiado  imaginable, tanto que cuando todo terminó sintió náuseas de lo que vio en qué se había convertido: en el mismo atormentador que había rechazado su libertad bajo palabra año tras año.

¿Qué aprendizaje vicario se produce en las prisiones en las que el poder, la autoridad y el control son las virtudes clave a ser modeladas por los prisioneros?